Mari Pau Domínguez: «Una lección de periodismo puede ser una lección de vida»
Desde las primeras páginas el aliento del lector tiende a cortarse. Se sitúan en Madrid, en 1896, cuando Carlota Visedo, marquesa de Peñaflorida, regresa tras haber estado confinada en la Casa del Pecado Mortal. Un lugar que existió, que sometía a mujeres que no seguían las normas sociales, y que Mari Pau Domínguez recupera en su nueva novela histórica, «Las arrepentidas» (Espasa), que presenta hoy en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. La también periodista reúne pasión, dolor, humillación y amor en una trama que reconstruye un episodio silenciado de la historia de España: las casas donde las mujeres eran ocultadas por no seguir el orden establecido.
¿Cómo llegó a esa Casa del Pecado Mortal?
Manejando información para una novela sobre Carmen de Icaza, para la que trabajé con el contexto histórico del antes, el durante y el después de la Guerra Civil. Ya en una anterior hablé de la Casa del Pecado Mortal, pero de manera anecdótica. Sabía que tenía que escribir algo centrado en ese lugar porque me parece increíble que en pleno siglo XX existiera en España un centro así. Se sabe de la existencia de las casas de arrepentidas, que se prolongaron en el tiempo, pero esta era especialmente perversa, donde había mujeres en contra de su voluntad por haberse quedado «indebidamente» embarazadas. Cuando parían, la criatura se quedaba en la organización y ellas volvían a sus vidas. ¿Qué vida puede ser normal después de algo tan traumático?
Parece un lugar de leyenda.
La Casa del Pecado Mortal existió. Estaba en la calle del Rosal, que desapareció en la tercera fase de las obras de construcción de la Gran Vía de Madrid, en 1926. Pensar que hasta entonces eso existía resulta lacerante para la sociedad. No hay leyenda, es una realidad. Pero, al haber tenido una actividad clandestina, no existen archivos. Se demolió el edificio y con él se aplastó la realidad. Así que es la primera vez desde que me dedico a la novela histórica que he inventado todo, excepto el contexto.
Carlota es marquesa. ¿No importaba ni la clase social?
Las mujeres de clase más alta deambulaban por los pasillos con la cara tapada por un velo, y las de extracción social más baja servían a otras con la cara destapada y hacinadas en cuartuchos. Las otras tenían sus propias habitaciones. Dentro había el mismo clasismo que fuera. No se podían comunicar entre ellas, y en ninguna de las tres plantas entraba nunca la luz. La novela arranca con una reflexión, una frase que me dijeron una vez, de que tu segunda vida empieza cuando te das cuenta de que solo tienes una. Eso marca la trayectoria vital de Carlota, que no es una heroína, sino una mujer que quiere luchar por su independencia, que quiere salvar su integridad física porque corre peligro.
Plantea el arrepentimiento de estas mujeres como una herramienta de control.
Sí, Carlota tiene que arrepentirse para salvar su alma. Pero ella no quiere arrepentirse ni de la mujer que es ni de quien ama, aunque sea indebido. El no arrepentimiento es para ella una forma de afianzarse como persona, decir que yo no quiero salvar mi alma.
Ahí entra en juego la religión. ¿Hasta qué punto ha sido enemiga de la mujer?
El organismo que se ocupaba de la Casa del Pecado Mortal no era religioso, no estaba regido por sacerdotes o monjas, pero sí por una hermandad que se creó en tiempos de Felipe V, en el siglo XVIII. Imagínese que se siga tratando a la mujer con parámetros de dos siglos anteriores.
Esa persecución se sigue dando hoy en otros países.
En Irán, sin ir más lejos, que vuelve a estar en un primer plano por las amenazas de Trump. Nosotros tenemos que pensar que en nuestro contexto social de Occidente y de país que ha arrastrado esta historia sí hemos avanzado mucho.
¿Cuándo diría que la mujer empezó a ser libre en España?
No me gustaría salirme mucho de la novela. Como periodista, me paso la vida analizando la actualidad y la sociedad. Y esta novela no está escrita para hablar de esto, aunque sea muy interesante. Es una trama con mezcla de géneros, con aventuras, investigación...
No falta en la trama un periodista, incluso un cameo de Carmen de Burgos.
El periodismo en esa época era muy interesante. El personaje de Luis Crespo trabaja en el «Heraldo de Madrid», y tiene una relación muy bonita con Carmen de Burgos. Ella sin pretenderlo le da lecciones sucintas, lacónicas e interesantes. Fue la primera corresponsal de guerra mujer y defensora a ultranza del papel de la mujer en la sociedad. La admiro. Una lección de periodismo puede ser una lección de vida.
