La Gala de San Isidro 2026 dejó una de esas escenas que retratan el pulso de la temporada. En un auditorio expectante, Borja Jiménez tomó la palabra y, sin rodeos, soltó un desafío de altos vuelos: ha solicitado lidiar la corrida de Victorino Martín en la próxima Feria de Otoño… y quiere hacerlo mano a mano con Andrés Roca Rey . «Para la Feria de Otoño he pedido la corrida de Victorino Martín. Y ahora que he visto el cartel, con Roca Rey anunciando San Isidro como máximo protagonista, quiero invitarle a que toree la corrida de Victorino Martín conmigo» , declaró el espada de Espartinas, provocando una cerrada ovación del público y marcando territorio desde la ambición. Antes de ese llamamiento directo, Jiménez había puesto contexto a su apuesta recordando la Corrida de Beneficencia, también con toros de Victorino: «Es una apuesta fuerte. Madrid ha hecho que esté en la posición que ocupo. Si algo me ha enseñado Madrid es que el toreo es una apuesta constante a la verdad; hay que apostar continuamente y de ahí este cartel» . Palabras que sonaron a manifiesto personal, a hoja de ruta trazada desde el compromiso. El anuncio no es menor. Pedir Victorino en otoño es situarse en la frontera del riesgo, en ese territorio donde sólo comparecen quienes quieren medir su sitio frente al toro y frente a la historia. Y hacerlo, además, tendiendo la mano al nombre más mediático del momento, convierte el gesto en una declaración de intenciones . La escena cobra aún más relieve en el contexto de Gala de San Isidro, escaparate de jerarquías y termómetro de la temporada. Jiménez, que ha construido su ascenso desde la regularidad y la verdad de sus comparecencias, aprovechó el foco para lanzar un mensaje claro: está dispuesto a jugar en la liga de los grandes y a hacerlo por la vía más exigente . Con este órdago público, el torero sevillano consolida su perfil como uno de los nombres más audaces del curso, decidido a mirar de frente a los pesos pesados del escalafón y a escribir capítulos de calado en Plaza de Toros de Las Ventas . Madrid, una vez más, como juez y escenario. Y Victorino, como piedra de toque. El guante ya está lanzado. Ahora queda ver quién lo recoge .