Perros de rescate: una ayuda impagable
Cada vez que ocurre un desastre o una emergencia de cualquier tipo, cuando las cualidades humanas parecen no ser suficientes y no alcanzan, ahí están ellos. Entre personal sanitario y autoridades, entre equipos de investigación y fuerzas de seguridad, ahí están ellos. Los fieles compañeros de cuatro patas. Terremotos, inundaciones, accidentes… no hay escenario que impida su trabajo y no hay quien pueda competir con sus habilidades. Los perros de rescate se convierten en los mejores aliados del hombre cuando el hombre es incapaz de asumir, por sí solo, todo el trabajo que supone una catástrofe en la que hay que lamentar pérdidas humanas. Una vez más, esto volvió a contemplarse tras el triste accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba).
Apenas 24 horas después del trágico suceso, los Agentes del Servicio Cinológico de la Guardia Civil se desplazaron hasta el lugar de los hechos. Esta unidad canina se encargó de buscar entre los vagones accidentados y entre los escombros posibles cuerpos de víctimas. Hasta que esta labor no se realizó y los equipos de rescate estuvieron convencidos de que no había personas atrapadas, no se pudo despejar la vía y empezar con las investigaciones pertinentes para explicar lo ocurrido.
En declaraciones para TVE, el jefe de Área de Instrucción de la Unidad Cinológica de la Guardia Civil, Iván Lucena, explicó que el objetivo de los animales había sido «buscar víctimas, pasajeros que aún no habían sido rescatados. Antes de retirar los vagones hay que encontrar a esas personas». Los animales comenzaron rastreando una zona periférica para después aproximarse hasta el interior de los trenes. Una tarea que Lucena calificó de «nada fácil», ya que en el lugar del accidente había una gran concentración de olores: «Para los perros, su principal trabajo es discriminar olores; aprenden a diferenciar el olor de un cuerpo humano. Pero en esta zona, hay muchos». Otra dificultad fue la presencia de enormes materiales de metal y chasis, lo que podía provocar cortes a los animales y obligó a sus cuidadores a extremar las precauciones.
Unidad Canina de Salvamento
En 1997, con el objetivo de colaborar en estas labores de búsqueda impulsadas por cuerpos oficiales como el de la Guardia Civil o los bomberos, se creó la Unidad Canina de Salvamento GREM, una asociación sin ánimo de lucro cuya base se encuentra en Burgos y que está presidida actualmente por Álvaro Martínez.
En una entrevista para LA RAZÓN, Martínez (que también es el delegado de Rescate en la Real Sociedad Canina de España) explica que en un escenario como el de Adamuz, el papel de los perros es fundamental para «concretar el punto exacto en el que pudieran encontrarse algunas de las personas desaparecidas o incluso restos humanos, que aunque suene duro, es imprescindible para las investigaciones». Accidentes de estas dimensiones precisan de un nivel de detalles altísimo, pues «el punto exacto donde se encuentra una víctima o aquellos por los que ha pasado puede ayudar a determinar detalles de lo ocurrido, lo que es de vital importancia para las aseguradoras de los afectados y, por supuesto, para las investigaciones oficiales y judiciales».
Una de las cosas que más llama la atención a la hora de conocer el trabajo de las unidades de rescate caninas es la infinita posibilidad de escenarios en las que deben ejercer sus funciones.
Situaciones de todo tipo
«Un día están en las calles de Valencia afectadas por la dana, rodeados de barro y teniendo que buscar entre aguas pantanosas; otro día están en una casa que se ha derrumbado, olfateando entre muchísimos escombros; pasado mañana deben buscar por las vías de un tren, con un terraplén al lado y todo lleno de cascotes, hierros, cristales rotos…», narra el presidente de la Unidad Canina de Salvamento.
Las condiciones para estas labores de búsqueda, por supuesto, están lejos de ser ideales: «Deben buscar en la oscuridad, muchas veces entre polvo, fuego, humo… Todo eso va en contra del propio perro y de su trabajo. De hecho, muchas personas no serían capaces de entrar en los sitios en los que ellos entran, o tendrían miedo de hacerlo», asegura el entrevistado, antes de añadir que los animales, aún con miedo, «nos obedecen y entran donde es preciso entrar».
Por estos motivos, los perros con los que trabajan son «razas valientes, dóciles, que puedan soportar situaciones de estrés y que se dejen conducir por nosotros en ellas», explica Martínez. Pero, ¿cuáles son esas razas?
El perro más utilizado suele ser el pastor alemán, «y ocasionalmente se recurre a labradores y algún border collie». La selección genética se alza como algo fundamental, porque tal y como explica el representante de la Unidad GREM, «necesitamos que sean de raza, que cumplan unas características concretas, porque eso es lo que les permite enfrentar situaciones extremadamente complejas».
En las formaciones que se imparten desde esta Unidad Canina de Salvamento se refieren a estos animales como «atletas», pues al igual que estos, toda su vida está encaminada y acondicionada para competir en las mejores condiciones. Álvaro explica que «en las épocas de máximo rendimiento o entrenamiento deben tomar productos alimenticios de alta energía o complementos», pues como ocurre con los deportistas de élite, necesitan desarrollar unas condiciones especiales: «Y al igual que pasa con estos deportistas, los perros de búsqueda y de rescate tienen una vida muy distinta al resto de perros».
Siguiendo con comparaciones deportivas, en el mundo de las unidades caninas de rescate también hay «distintas modalidades». Hay animales que están más acostumbrados a patear kilómetros y kilómetros, y que por ejemplo son muy buenos en la búsqueda de personas en entornos de montaña o avalanchas; a otros, sin embargo, se les da mejor un espacio más reducido pero con obstáculos, como es un escenario en el que hay escombros. «Se trata de trabajos muy concretos que necesitan perros concretos, con características que les hagan enfrentar esas situaciones con valentía y garantía de éxito en su trabajo», explica Martínez. Por supuesto, todo empieza desde que los animales son cachorros.
«Los buenos criadores, que por eso son buenos, hacen un gran trabajo de sociabilidad desde que los perros son muy pequeños», dice el portavoz de la Unidad GREM. Esta labor consiste en que, desde el inicio, les familiarizan con entornos en los que en un futuro tendrán que desarrollar su labor: sitios con ruidos y estruendos muy fuertes; espacios muy concurridos, con mucha afluencia de personas; lugares oscuros en los que tienen que subir y bajar por cualquier lado… «Ahí es donde están estas 2.000 o 2.500 horas que nos lleva adaptar a un perro, que es lo que nosotros denominamos fase de sociabilidad», cuenta.
Precisión y rapidez
A esta etapa, les siguen después las fases de adiestramiento y entrenamiento, que también requieren de un enorme tiempo. En opinión de Álvaro Martínez, que cuenta con una amplia trayectoria en labores de rescate, «no hay otra tecnología que sea capaz de superar a la nariz del perro ni a las capacidades que tiene de, por ejemplo, movimiento». En este sentido, tacha su colaboración de «totalmente indispensable», y en momentos en los que cada segundo cuenta, es una «tranquilidad» saber que se tienen herramientas de trabajo tan precisas y rápidas.
Como no podía ser de otra manera, el cuidado y bienestar de los animales resulta algo primordial. Integrar veterinarios en los equipos de rescate, realizar curas tras la jornada y velar por la estabilidad mental del animal son solamente algunas de las tareas que se realizan a diario. Porque estos profesionales de cuatro patas también necesitan estar sanos y equilibrados para seguir cumpliendo con éxito su misión.
