Diego García de Paredes, el legendario 'Sansón español' que venció solo a franceses y turcos
España cuenta con varios de los acontecimientos que han marcado el rumbo de la historia, desde el descubrimiento de América hasta el final de la Reconquista frente al califato musulmán en 1492, pasando por a resistencia frente al avance napoleónico en la península a principios del siglo XIX.
En este sentido, también han trascendido los nombres de los hombres y mujeres que han protagonizado estos eventos, algunos tan recordados como lo son Cristóbal Colón, Rodrigo Díaz de Vivar, conocido popularmente como El Cid, o Gonzalo Fernández de Córdoba, recordado como El Gran Capitán.
Sobre este último, sin duda ha sido él el que ha trascendido a sus propios tiempos, teniendo una estatua en la entrada del Palacio de Buenavista, en Madrid. No obstante, existen algunos otros que cuentan con proezas legendarias a sus espaldas y no son tan recordado como otros.
Este es el caso de Diego García de Paredes (1468 - 1533), natural de Trujillo, en Extremadura, que llegó a convertirse en un hombre admirado por sus contemporáneos debido a su valor y presencia en los campos de batalla de finales de la Edad Media, ganándose así el apodo de "El Hércules español" o "El Sansón de Extremadura".
El hombre tras la leyenda
Diego García de Paredes y Torres nació en una familia de hidalgos, por los que adquirió las habilidades de un combatiente a una temprana edad, y se enroló en el ejército español durante las campañas en la península itálica a la edad de 26 años, lugar en el que reinaban las repúblicas de diferentes ciudades y en el que la Corona de Aragón tenía territorios al sur, como lo fue Nápoles.
Ya desde joven pudo llegar a la sorprendente altura de dos metros, y tuvo como arma insignia al montante, una espada de gran tamaño a dos manos. Tales fueron sus hazañas que el propio Papa Alejandro VI le designó como uno de sus escoltas personales, pero lo abandonó debido, según las diferentes fuentes, el Vaticano pagaba un sueldo muy modesto y también que tuvo problemas que acarrearon una tiempo en prisión, de la que logró fugarse debido a su destacada fuerza.
Fue entonces que el previamente mencionado Fernández de Córdoba reclamó su ayuda, aceptando García de Paredes debido a su admiración por el Gran Capitán. Fue entonces que las gestas más recordadas del Sansón de Extremadura comenzaron a producirse.
Una de ellas ocurrió en el 1500, cuando el imperio otomano tomó la isla griega de Cefalonia, y las tropas del Gran Capitán junto a soldados venecianos llegaron a la isla con la misión de terminar rápidamente con la incursión musulmana para evitar que llegaran refuerzos.
Los otomanos se refugiaban en el castillo de San Jorge, donde resistían ferozmente hasta la llegada de García de Paredes, quien aprovechó las trampas de los jenízaros para trepar la muralla y, tras varios minutos en los que se enfrentó a múltiples hombres él solo y, aunque fue detenido por los turcos durante tres días, logró liberarse por su gran fuerza y esperó al asalto final para abrir las puertas de la fortaleza.
Otro de sus episodios más destacados fue el desafío de Barletta, en 1502, cuando doce caballeros franceses se enfrentaron a doce españoles durante cinco horas. Un hidalgo español fue hecho prisionero, un caballero francés murió y otros siete francos fueron desmontados, atrincherándose estos detrás de sus caballos muertos.
Fue entonces cuando los franceses aceptaron la superioridad española y solicitaron detener la disputa, con cierta complacencia española debido al agotamiento que sufrían. No obstante, García de Paredes solo concebía la victoria absoluta, asegurando que "de aquel lugar los había de sacar la muerte de los unos o de los otros".
Con su caballo agotado y desarmado, comenzó a arrojar las enormes piedras que limitaban el campo de batalla a los combatientes franceses, quienes huyeron despavoridos ante tal demostración de arrojo, aunque los jueces venecianos otorgaron un empate en esta justa.
Un año después, y estando en periodo de guerra, el río Garellano napolitano separaba a las tropas francesas y españolas. Fue entonces cuando el Gran Capitán habría ordenado simular una retirada para enfrentarse a ellos en campo abierto, produciéndose una discusión con el extremeño por no haber escuchado totalmente el plan de Fernández de Córdoba, entendiendo que este le había acusado de cobarde.
Fue entonces que, encolerizado, cogió su montante y se dirigió al único puente que cruzaba el río y urgió a los franceses a que cargasen contra él. Logró contener, de manera solitaria, a las fuerzas francesas, tanto así que las crónicas del suceso llegaron a datar, aunque posiblemente de manera exagerada, que García de Paredes habría acabado con centenares de franceses.
La vida del Hécules español continuó, llegando a ser también escolta de Carlos V tras un tiempo dedicado a la piratería, hasta su muerte el 15 de febrero de 1533, cuando falleció a los 64 años a causa de las heridas provocadas cuando se cayó de su caballo mientras jugaba con unos niños en Boloña, siendo enterrado invicto y sin que ningún hombre le pudiera en combate.
Sus restos descansan en su Trujillo natal, en la iglesia de Santa María la Mayor, y su legado a llevado a muchos a pensar de él como el mejor soldado español de todos los tiempos.
