Sexo, delito y alta sociedad, por Mirko Lauer
¿Por qué el caso de Jeffrey Epstein está durando tanto, al grado de parecer inagotable? El proxeneta y pederasta de la alta sociedad se suicidó en la cárcel cuando todavía tenía mucho que decir. Pero ahora los miles de documentos de su juicio lo están haciendo, por todo el mundo. Todo indica que el escándalo tiene para rato y que casi no hay país o gremio al que no esté llegando.
Lo que le da cuerda al caso no es tanto la naturaleza de los delitos cometidos, que son de por sí atroces, sino el espectacular elenco de los comprometidos en diversos grados. Presidentes de los EE. UU., familias reales europeas, celebridades varias del espectáculo, políticos de peso mundial, son algunas de las figuras que desfilan por los documentos que sirvieron para condenar a Epstein y a su esposa, Ghislaine Maxwell.
Hay una gradación que va desde víctimas de explotación, asiduos clientes, habitués de sus jaranas, hasta amigos personales y beneficiarios de sus cotizados consejos comerciales. Pero ahora todos se están quemando por igual, incluso gente que, como Keith Starmer, primer ministro de Gran Bretaña, nunca lo llegó a conocer; igual pagan pato.
Por un momento el caso ya no parecía interesar a nadie, hasta que apareció Donald Trump en la presidencia. Algunos, sobre todo demócratas, vieron en el difunto Epstein un recurso para bajarle el moño al pugnaz mandatario. ¿Ha funcionado así? Con tantas cosas en su contra, en tantas ramas del gobierno, no lo sabremos nunca.
Sin embargo, hay comentarios sobre la marcada diferencia entre las consecuencias de chancarse los dedos con el escándalo en Europa y hacerlo en los EE. UU. Con el británico y malogradísimo ex príncipe Andrés a la cabeza, los europeos comprometidos están pagando precios altos. Incluso contactos veniales con Epstein (si acaso hubo tal cosa) han visto sus carreras y prestigios arruinados.
Todavía estamos en la etapa de los titulares y las columnas chismográficas. Pronto entraremos a una nueva generación de libros instantáneos. En realidad ya hay media docena de esos libros circulando, pero todos anteriores al relanzamiento producido por la segunda presidencia de Trump. Ya hay, por cierto, un inmenso público esperando la serie en pantalla.
Parte del interés por el caso es que, con tantos documentos saliendo a flote, la historia es impredecible. Ahora la viuda quiere canjear una nueva confesión por un trato benévolo de la justicia.
