El MUAC revisa la colectividad y resistencia en el México de 1976-1985
Hubo un momento en esta ciudad en que hacer arte era casi un acto de conspiración. No porque estuviera prohibido pintar, sino porque después del movimiento estudiantil del 68, del Halconazo del 71 y en plena guerra sucia, cualquier gesto crítico olía a peligro. La Ciudad de México era un hervidero, entre marchas, asambleas, represión, crisis económica, discursos de incierta apertura. Y en medio de todo eso, los artistas decidieron que trabajar solos ya no era opción.
En este contexto nacieron colectivos que no sólo cambiaron la forma de producir arte, sino también la manera de moverlo, discutirlo y sacarlo del pedestal, mismos que conforman el corazón de la nueva exposición del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), Los grupos y otras revueltas artísticas. Redes y colectividades en México, 1976-1985, que abrió sus puertas el pasado 7 de febrero y que se quedará hasta el 30 de agosto de 2026.
Lo que Los grupos y otras revueltas artísticas propone no es simple nostalgia setentera, sino una relectura potente de cómo la organización colectiva transformó el panorama artístico del país. La muestra revisa momentos clave donde las agendas se cruzaron y explotaron: la X Bienal de Jóvenes Artistas en París (1977), las acciones del Frente Mexicano de Grupos Trabajadores de la Cultura, las iniciativas urbanas autogestionadas, la Sección de Experimentación del Salón Anual de Artes Plásticas en 1979. También se asoma a las derivas feministas y a otras prácticas que ampliaron el campo artístico desde la militancia y la crítica frontal.
Dividida en cinco núcleos titulados, “América Latina en disputa”, “Frentes y movimientos”, “Irreverencias y subversiones”, “La institucionalización de los grupos” y “Colectividades en deriva”, la exposición arma un mapa de alianzas, tensiones y rebeldías. Aquí el arte dialoga con teorías de la comunicación, estructuralismos, marxismos heterodoxos y con el contexto latinoamericano atravesado por dictaduras y guerrillas. No era solo estética: era posicionamiento político.
Entre los colectivos y agrupaciones revisados por esta muestra se encuentran Grupo Proceso Pentágono, Grupo Suma, Grupo Mira, Grupo Germinal, Grupo Tetraedro, No-Grupo, Tepito Arte Acá, Polvo de Gallina Negra, Colectivo Cine Mujer y muchos más. La lista es larga porque la escena fue intensa. Y porque lo colectivo fue, durante casi una década, una forma de sobrevivir y de imaginar otros futuros.
El contexto no se puede separar de las obras. La crisis económica, el Año Internacional de la Mujer en 1975, la reforma política de 1977, la Ley de Amnistía e 1978 y la nacionalización de la banca en 1982 marcaron una etapa de aparente apertura que convivía con el abuso de poder y la represión. En ese escenario, los artistas construyeron imaginarios emancipatorios: nuevos lenguajes, libros de artista, arte correo, acciones colaborativas que desafiaban la lógica de la obra como mercancía.
El cierre simbólico del periodo lo marca el terremoto del 19 de septiembre de 1985, cuando la ciudad colapsó, pero también se organizó. Experiencia transformó la idea misma de participación colectiva. Después de eso, lo grupal mutó, surgieron redes más flexibles, comunidades afines al performance, desarrollos hacia la instalación y procesos pedagógicos que redefinieron la práctica artística.
Curada por Mónica Amieva, Julio García Murillo, Pilar García, Jaime González Solís y Daniel Montero, la exposición parte de una investigación profunda en los archivos del Centro de Documentación Arkheia del MUAC. No sólo exhibe obras, sino que reconstruye ambientaciones que originalmente fueron efímeras y activa documentos que llevaban años esperando esta conversación.
