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La mega red que Epstein y sus amigos armaron para extorsionar a las élites de Estados Unidos y Reino Unido

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DOMINGA.– El financiero Jeffrey Epstein y la británica Ghislaine Maxwell montaron una estructura multimillonaria de mansiones, un avión privado, una isla paradisiaca en el Caribe y una red que traficó a más de mil mujeres –muchas de ellas menores de edad– para satisfacer sus perversiones y, amablemente, las de sus amigos, todos ellos en posiciones de enorme influencia política y económica. Es la versión ingenua y despolitizada que manejan los medios preponderantes en Estados Unidos. Una que no permite entender por qué gozaron de impunidad casi total Epstein y sus compinches durante 28 años, desde 1991 hasta 2019. Una que tampoco explica la enorme generosidad con la que agasajaron y proveyeron de niñas y adolescentes sexualmente esclavizadas a mandatarios, magnates de la industria, artistas y hasta un príncipe de la Casa de Windsor. O por qué las instalaciones de superlujo, desde los grandes salones y las piscinas hasta las habitaciones y baños, estaban vigiladas con cámaras ocultas operadas desde cuartos secretos de monitoreo. Hasta hoy se desconoce el destino final de prácticamente todas esas grabaciones de video, así como los fines que se perseguían para registrar sistemáticamente a gente tan poderosa perpetrando crímenes e involucrándose en actos que podrían destruir sus reputaciones.Y todo eso no se hizo sólo por la fiesta. El escándalo de Epstein, que tiene contra las cuerdas al presidente Donald Trump, al expresidente Bill Clinton, al expríncipe Andrés del Reino Unido y a otras importantes figuras, se produjo a partir de lo que Ari Ben-Menashe, el exoficial de la inteligencia militar israelí, describe como una honey-trap, una “trampa de miel” preparada para apoyar no sólo a Israel, sino a la facción ultraderechista que ha controlado ese país desde 1996, ahora encabezada por el primer ministro Benjamin Netanyahu.Esta no fue una iniciativa particular y espontánea del par Epstein y Maxwell y sus equipos superinteligentes: en realidad fue concebida como una impresionante estructura con un proyecto definido, nombre y hasta apodo de cariño.La “trampa de miel”Vayamos a 1991: se desploma la Unión Soviética y Robert Maxwell, el rey de los periódicos amarillistas ingleses, especializado en descubrir secretos de las élites para extorsionarlas bajo la amenaza de destrozarlas en sus portadas (llamado por sus biógrafos el “superespía de Israel”), muere misteriosamente en un supuesto suicidio al tirarse desde su yate al Atlántico, justo antes de tener que presentarse a declarar en tribunales.Su hija Ghislaine marcha a Nueva York para encontrarse con Jeffrey Epstein, a quien su padre le había presentado años antes. Los multimillonarios Leslie Wexner, dueño de Victoria’s Secret y Bath & Body, y Charles Bronfman, coheredero del gigante de los licores Seagrams, acababan de crear The Study Group, un club informal para 20 de “los más ricos e influyentes hombres de negocios judíos de la nación”, como declararon al Wall Street Journal. Y de manera inusitada, Wexner le dio a Epstein un poder notarial absoluto sobre sus posesiones y empresas, que le permitía mover con libertad cientos de millones de dólares y transferir activos, como la mansión Wexner, en Manhattan, que puso a su nombre.Cinco años después, en 1996, la trama de sexo, espionaje y video marchaba a todo vapor. Según Maria Farmer, una joven artista contratada por Epstein y Ghislaine Maxwell, Leslie Wexner era la autoridad suprema, “el padrino” y “la cabeza de la serpiente”. Narró situaciones en la finca de Wexner en Ohio, donde la seguridad era de tipo militar y estaba férreamente controlada por Abigail Wexner, esposa del magnate. Epstein, desde luego, actuaba con deferencia hacia su patrocinador. “Todas las residencias de Epstein tenían estas habitaciones mecánicas y sistemas de túneles”, declaró Farmer. Describió habitaciones “enormes, más grandes que las casas. No tengo ni idea de por qué alguien necesita tantas computadoras en una habitación. Había cámaras estenopeicas para grabar todo en cada finca. Las cámaras eran omnipresentes. No podías verlas a menos que te las señalaran”.Luego de la caída de Epstein, Wexner ha dicho que, como todos, también fue engañado. Maria Farmer, que fue retenida contra su voluntad en la propiedad por los guardias pagados por él mismo, dice en cambio que de ninguna manera podía ser una víctima pasiva: ella y su hermana Amy –que cuando tenía 16 años también fue abusada sexualmente– presentaron una denuncia ante el FBI en 1996. Pero, inexplicablemente el FBIno hizo nada, enterró el caso y la red de tráfico de mujeres continuó actuando.Y habría muchos más casos de abuso que fueron expuestos. Virginia Giuffre, quien fue explotada sexualmente por Epstein y Maxwell entre 2000 y 2002 –entre sus 17 y 19 años de edad–, se suicidó en abril de 2025, tras escribir el libro La chica de nadie: memorias de una sobreviviente del abuso y su lucha por la justicia. Ella también señaló el espionaje de las actividades de los huéspedes, de hecho le mostraron el cuarto de vigilancia de la mansión Wexner en Manhattan, en cuyos monitores aparecían desde los pasillos hasta los baños de las habitaciones.Epstein presumía de tener bajo su control a la policía de Palm Beach, Florida, donde estaba una de las casas donde cometía sus crímenes. En un principio, las acusaciones de muchas otras mujeres, más denuncias de los vecinos sobre el movimiento inusual que observaban, fueron ignoradas hasta que la presión obligó en 2005 a abrir una investigación que reunió testimonios de 40 jóvenes violadas y abusadas, incluidas menores de edad. Las acusaciones se cimentaron de tal modo que pudieron llegar a las cortes. Pero el primer día del juicio, en septiembre de 2007, el fiscal Alex Acosta sorprendió al explicarle al juez que había llegado a un acuerdo con el acusado: Epstein se declaraba culpable de sólo dos delitos de fuero estatal, no federal, y que estaban relacionados con solicitud de servicios de prostitución y prostitución de una persona menor de 18 años.Para el Departamento de Justicia, las niñas sexualmente esclavizadas eran prostitutas. Así, no sólo negoció y pactó a espaldas de las víctimas; no sólo les negó el derecho a declarar en público, ante el tribunal y frente a su violentador, de todo lo que las había hecho sufrir. No únicamente les impidió tener justicia. En una sentencia judicial y ante el mundo, las definió oficialmente como prostitutas.A cambio, en lugar de decenas de años de prisión, Epstein recibió:Una condena de 18 meses, de los que apenas cumplió 13.Estadía en una cárcel menor con comodidades.Privilegio de salir 12 horas al día, seis jornadas a la semana.Inmunidad ante cualquier otra acusación estatal y ante cualquier acusación federal.Inmunidad extendida para todos sus “co-conspiradores nombrados y no nombrados”.Jack Scarola, uno de los representantes de las víctimas, consideró que era “inexplicable que un fiscal haya llegado a un acuerdo de este tipo”. Así lo declaró en la serie documental Jeffrey Epstein: asquerosamente rico. “En 45 años de práctica, jamás había escuchado de alguien que llegara a un acuerdo que no sólo otorga inmunidad al sujeto de una investigación sino que además les da tarjetas ‘salga-gratis-de-la-cárcel’ a cada uno de los coconspiradores de esa persona nombrados y no nombrados”.Los “co-conspiradores” nombrados eran Ghislaine Maxwell y varias mujeres que reclutaban a otras tantas. ¿Y los no nombrados, que además de impunidad no tuvieron ni siquiera que ser identificados ante el público? Según documentos sometidos a censura que fueron publicados por el Departamento de Justicia el 30 de enero, el FBI sospechaba que uno de ellos era el millonario fundador de The Study Group, Leslie Wexner.Vicky Ward, la periodista que elaboró el primer perfil de Epstein para Vanity Fairy fue censurada por su editor, Graydon Carter, quien eliminó los testimonios de Amy y Maria Farmer para convertir el trabajo en una elegía, citó en The Daily Beastuna declaración del fiscal Alex Acosta ante un comité que entrevistaba a candidatos a secretarios de Estado del primer gobierno de Donald Trump, en 2016. Cuando le pidieron explicar por qué había llegado a un acuerdo injustificable, respondió: “Me dijeron que Epstein ‘pertenecía a la inteligencia’ y que lo dejara en paz”.En uno de los documentos relacionados con Epstein publicados en enero, el FD-1023, reporta que una fuente humana confidencial o CHS (alguien que proporciona información que el FBI considera útil y creíble, pues antes pasó por un riguroso proceso de validación) reveló que el abogado Alan Dershowitz fue quien le dijo a Acosta que “Epstein pertenecía a los servicios de inteligencia estadounidenses y [de los países] aliados. CHS fue parte de llamadas telefónicas entre Dershowitz y Epstein durante las cuales él tomó notas. Después de estas llamadas, el Mossad llamaba a Dershowitz para recibir la información”.El Mossad es el servicio de inteligencia exterior del Estado de Israel. Atribuir todas las conspiraciones reales e imaginadas a esa agencia, un monstruo multiusos que sirve para espantar lo mismo en superproducciones de Hollywood que en películas de serie B, es una simplificación que oculta una realidad mucho más compleja de redes internacionales de élite. Los partidarios de Israel señalan con sorna que no existen documentos que demuestren que el pedófilo trabajaba para el Mossad. Seguro que no: una agencia secreta no publica nóminas de empleados ni deja registros bancarios. Pero aunque no se puede tener certeza de que existía una relación contractual entre Epstein y la administración israelí o la estadounidense, es claro que Wexner y su club le dieron acceso a cantidades fantásticas, operando personalmente cientos de millones de dólares. No necesitaba que nadie abonara para su jubilación. Y de cualquier forma, el fiscal Acosta superó la prueba: lo acabaron nombrando secretario del Trabajo.“El resultado del caso, esté o no la gente de acuerdo, no requiere de una conspiración entre funcionarios del gobierno y gente rica”, declaró Dershowitz, quien fue uno de los abogados de Epstein y está entre los más activos defensores de Israel en Estados Unidos. “Todo lo que negociamos debió ser aprobado por [el fiscal] Acosta, por el fiscal general asistente a cargo de la División Criminal en Washington, por el vicefiscal general de los Estados Unidos y finalmente por el fiscal general de los Estados Unidos”.Epstein y sus poderosos contactos israelíesEpstein: Deberías aclarar que no trabajo para Mossad :)Ehud Barak: ¿Tú o yo?Epstein: Que yo no :)Correos electrónicos del 17 de diciembre de 2018En 2009, al pasar a reclusión domiciliaria en su mansión por un año, el pedófilo masivo Jeffrey Epstein regresó a su vida, sus lujos y sus prácticas. Así como a sus amistades, como el exprimer ministro de Israel, Ehud Barakque, segúnWall Street Journal, “visitó a Epstein unas 30 veces entre 2013 y 2017 en sus propiedades de Florida y Nueva York”. No fue el único amigo que acudía al millonario en desgracia: también el exoficial de inteligencia israelí, Yoni Koren, solía pasar semanas con Epstein en su departamento de Manhattan. En el documento referido del FBI, la fuente revela que Ehud Barak fue quien entrenó como espía a Epstein. Juntos, realizaron múltiples gestiones internacionales para Israel, como convenios de seguridad con otros países, ventas dela industria military búsqueda de inversiones para empresas de ciberarmas. Además, Epstein financió la creación de una compañía de Barak operada por veteranos de la inteligencia militar israelí, Carbyne(encargada del sistema de emergencias 911 de Ciudad de México, Estado de México y otras entidades).Diez años después, para realizar su reportaje Perversión de la justicia, la periodista Julie K. Brown contactó a 80 víctimas, expuso las irregularidades del acuerdo que favoreció a Epstein y exhibió su red de tráfico sexual. Brown fue advertida de que otros periodistas habían sido forzados a abandonar el tema y ella debía dejarlo también. Pero tras su publicación enMiami Herald, decenas de mujeres más presentaron denuncias, lo que forzó al Departamento de Justicia a abrir una nueva investigación.El 6 de julio de 2019, el pedófilo fue arrestado. Aunque Donald Trump, presidente de Estados Unidos, era uno de sus invitados frecuentes a las fiestas en las casas videovigiladas, eso no pareció ser de ayuda para Epstein. El 23 de julio lo encontraron semiconsciente en su celda, con heridas en el cuello. Se dijo que se las había autoinfligido y lo colocaron en una celda de alta seguridad, con vigilancia permanente y un compañero. Pero este último fue transferido, los dos guardias a cargo se durmieron, las cámaras fallaron…Era 10 de agosto cuando apareció muerto, de rodillas en el piso: supuestamente se ahorcó con su propia ropa, tras atarla a la litera e inclinándose hacia adelante hasta romperse el cuello.Algo muy parecido a lo que pasó en 1991 con Robert Maxwell, el rey de los tabloides ingleses: dos hombres que se creían inmunes porque conocían los secretos inconfesables de los poderosos, oficialmente se suicidaron.​“Mega”, Netanyahu… ¡y Monica Lewinsky!“Según una fuente que vio una copia de la transcripción de la conversación de la [Agencia de Seguridad Nacional] NSA, el oficial de inteligencia, hablando en hebreo, dijo: ‘El embajador quiere que acuda a Mega para obtener una copia de esta carta’. La fuente afirmó que el supervisor en Tel Aviv rechazó la solicitud, diciendo: ‘Esto no es algo para lo que usamos a Mega’”.Este párrafo aparece en un reportaje del Washington Postde mayo de 1997 sobre una inquietante llamada, que la NSA había interceptado, de un agente del Mossad con su superior en Israel en la que explicaba que su representante diplomático, Eliahu Ben-Elissar, le había pedido conseguir a través de “Mega” la copia de una carta que el secretario de Estado deBill Clinton, Warren Christopher, le había dado al líder palestino Yasser Arafat.¿Quién era “Mega”? El misterio generó una operación del FBI para descubrir a un individuo con ese nombre en clave, quien “podría ser alguien del gobierno estadounidense que haya proporcionado información a los israelíes en el pasado”, indicó el diario.El tema se convirtió en un contencioso tras bambalinas de la cumbre palestino-israelí de Wye River o Wye Plantation, de 1998, en la que se buscaba pactar la paz entre israelíes y palestinos. El exoficial del Departamento de Inteligencia Militar de Israel, Ben-Menashe, declaró en agosto de 2025 que:“Bill Clinton y Ehud Barak, entonces primer ministro de Israel, se reunieron en Washington con [Yassir] Arafat y no firmaron el acuerdo de paz disponible porque fueron chantajeados por la derecha israelí. Podríamos haber tenido algún tipo de acuerdo con los palestinos desde la década de 1990. Pero Ehud Barak y Clinton estaban siendo chantajeados por la derecha israelí”.El testimonio de Ben-Menashe coincide con investigaciones periodísticas que recogieron declaraciones de otros insiders, en el sentido de que tanto en Wye River como en Camp David (otra cumbre israelo-palestina en 2000, en la casa presidencial de veraneo), el entonces presidente Bill Clinton se vio forzado a facilitar que los opositores al proceso de paz se salieran con la suya y además culparan a los palestinos.Y que el escándalo de las relaciones orales (pero no sexuales, insistió Clinton) del expresidente estadounidense con la becaria Monica Lewinsky fue utilizado por Netanyahu para ese objetivo. A fines de los años noventa, Israel quería evitar un acuerdo final sin asumir la responsabilidad: los palestinos tenían que aparecer como culpables. Adicionalmente, Netanyahu tenía dos demandas; por un lado, la liberación de Jonathan Pollard, un analista estadounidense convicto en 1987 por espiar en favor de Israel, en un caso tan vergonzoso que el gobierno de ese país por años insistió en pedir sinceras disculpas y jurar que no volvería a abusar de la confianza de Washington, mientras que en Tel Aviv ensalzaba al traidor como héroe. En segundo lugar, una muy simple: Israel quería detener la investigación sobre “Mega”.En su libro Gideon's Spies: The Secret History of the Mossad(Los espías de Gideon: La historia secreta del Mossad, de 1999), Gordon Thomas asegura que esta organización israelí grabó alrededor de 30 horas de sexo telefónico entre Clinton y Lewinsky. Con base en entrevistas con agentes del Mossad, Thomas dice que Lewinsky fue “guiada por Israel” para crear el escándalo con el objetivo de chantajear a Clinton para proteger a “Mega” y contener al presidente, que “estaba presionando a Israel para que aceptara un acuerdo de paz”.Igualmente, Daniel Halper narra en su libro Clinton Inc: The Audacious Rebuilding of a Political Machine(Clinton Inc.: La audaz reconstrucción de una maquinaria política, 2014) que en el encuentro de 1998, Netanyahu llevó a Clinton a donde pudieran hablar a solas:“Los israelíes presentes en Wye River tenían una nueva táctica para sus negociaciones: habían escuchado a Clinton y a Monica y lo tenían grabado. Para no amenazar directamente al poderoso presidente estadounidense, un aliado crucial de Israel, le dijeron a Clinton que el gobierno israelí había desechado las cintas [grabaciones]. Pero la sola mención de ellas fue suficiente para constituir una forma de chantaje. Según información proporcionada por una fuente de la CIA, Clinton, afligido, pareció ceder”.Halper, que asegura que fueron intervenidas cuatro líneas telefónicas de la Casa Blanca para transmitir datos en tiempo real, se basa en entrevistas on-the-recordcon exfuncionarios y en el análisis minucioso de lo que llama “Los archivos Mónica”: cientos de páginas de documentos recopilados como contingencia para emplearlos en caso de que la exbecaria alguna vez se viera involucrada en una acción legal contra Clinton.Más allá de las versiones de Ben-Menashe y de los autores Thomas y Halper, un documento oficial publicado apunta en el mismo sentido. En febrero de 1997, Clinton recibió a Netanyahu en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Posteriormente, según el testimonio de Lewinsky ante la oficina del fiscal designado para investigar el caso, Kenneth Starr (el mismo que con Alan Dershowitz, 10 años después, le conseguiría impunidad a Epstein), la secretaria de Clinton, Bettie Currie, citó a la becaria en el mismo lugar porque el presidente “tenía algo importante que decirle”. Fue su último encuentro íntimo. Pero no sólo eso. Esto es lo que se lee en el acta oficial del informe del fiscal Starr:“Según la Sra. Lewinsky, ella y el presidente tuvieron una larga conversación ese día. Él le dijo que sospechaba que una embajada extranjera (no especificó cuál) estaba interviniendo sus teléfonos y le propuso historias falsas. Si alguna vez la interrogaban, debería decir que sólo eran amigos. Si alguien le preguntaba sobre su sexo telefónico, debería decir que sabían que sus llamadas estaban siendo monitoreadas desde el principio y que el sexo telefónico era sólo una farsa”.El fiscal Starr supo que el presidente de su país había sido espiado hasta el nivel más íntimo, precisamente sobre los presuntos delitos que estaba persiguiendo, pero no mostró interés en indagar.Según Ben-Menashe, en 2000, en Camp David, tanto Clinton como Barak “estaban siendo chantajeados por Epstein”, quien era “una de las herramientas” que emplea “la derecha israelí y ellos detuvieron el acuerdo con [el líder palestino] Arafat”.En su magna obra A Nation Under Blackmail(Una nación bajo chantaje), la periodista Whitney Webb coincide en que las redes proIsrael, tanto las visibles como las invisibles, dejaron de apoyar a ese país en un sentido general y comenzaron a trabajar para los sectores de ultraderecha, como el partido Likud, que cuando murió Robert Maxwell encabezaba Yitzhak Shamir, luego Ariel Sharon y después Benjamin Netanyahu.El club megamillonario: The Study Group“¿Por qué Lansky es un gángster y no las familias Bronfman y Rosenstiel? Yo estuve involucrado con todos ellos en los años veinte, aunque no les gusta hablar de elloy cambian de tema cuando mencionan mi nombre”. –Meyer LanskyEstamos en 1991, otra vez. Pero ahora tenemos más elementos para entender la importancia de lo que ocurrió ese año: era un momento de crisis y reordenamiento para las estructuras de poder globales. No sólo debido a la desintegración de la Unión Soviética, sino también para la inteligencia israelí, pues tras la muerte de Robert Maxwell, se creó un vacío operativo y financiero: su infraestructura de inteligencia tenía que ser “privatizada” y transferida a una nueva generación de custodios en Estados Unidos, donde el capital era más abundante y la protección política más segura. Wexner, de Victoria’s Secret, y Charles Bronfman, de Seagrams, fundaron The Study Group, un club de megadonantes que reunieron enormes recursos y acceso de privilegio a las élites. Wexner, como ya se apuntó, le dio a Epstein el control de una gigantesca fortuna y lo puso al frente de las operaciones del grupo. Paralelamente, Ghislaine Maxwell viajó a Nueva York para sumarse al proyecto, con una aportación incalculable: los métodos y contactos de espionaje de su padre.En su libro, Whitney Webb afirma que lo que podría haber sido una red criminal común, con la convergencia de estos personajes se transformó en una “operación de inteligencia de grado estatal”, es decir, con el nivel de la que sólo puede tener una nación.Coloquialmente, según The Wall Street Journaly otros investigadores, los miembros de The Study Group lo llamaron Mega Group. O más cariñosamente, Mega.El propósito, dijeron, era promover las acciones filantrópicas de la comunidad judía para la “preservación cultural” porque percibían una disminución del apoyo a las políticas de Israel y particularmente porque les causó alarma la Encuesta Nacional de Población Judía de 1990, que había revelado que más del 50% de los matrimonios de judíos se realizaban con personas de otras religiones o sin fe declarada. Spielberg: poder blando entre el capital judíoLos integrantes del Mega Gruposon parte del “quién es quién” de las grandes fortunas estadounidenses de finales del siglo XX.Edgar Bronfman Sr., hermano de Charles y presidente del Congreso Judío Mundial; Michael Steinhardt, un gestor de fondos de cobertura y cofundador de Birthright Israel-Taglit, una asociación que promueve la emigración de judíos a ese país; Max Fisher, un industrial de Detroit descrito como el “decano” de los republicanos judíos y refundador de The Jewish Agency (“La Agencia Judía” que articuló la emigración a Palestina y la fundación del Estado de Israel en 1948).Junto a ellos estaban Charles Schusterman, presidente de Samson Investment Co. de Tulsa, Oklahoma; Harvey Bud Meyerhoff, un poderoso magnate de bienes raíces de Baltimore; Laurence Tisch, CEO de la cadena de televisión CBS; Max Lender, fabricante de bagels; Leonard Abramson, fundador de U.S. Healthcare; y nada menos que Steven Spielberg, el director de Hollywood, cuya presencia confería legitimidad cultural y poder mediático “blando”.Varios de los ostentosos miembros, empezando por los fundadores, tenían lazos directos e indirectos con el crimen organizado o las redes de inteligencia, en particular con Meyer Lansky, el capo de la mafia judía de Nueva York que junto con el de la italiana, Lucky Luciano, se alió con la Oficina de Servicios Estratégicos (antecedente de la CIA) en 1942, dando origen al entramado social que con los años se convirtió en The Enterprise. En esta red, que actualmente sigue activa, la relación entre la inteligencia y el crimen organizado está hoy tan “entrelazada y simbiótica” que es casi imposible distinguir dónde empieza una y termina la otra, dice Whitney Webb en su libro. El Grupo Mega es su brazo financiero y de cabildeo de élite, así como una expresión para ganar legitimidad social y política.Las figuras más conocidas de The Study Group dan ejemplo de estos cuestionables vínculos personales o familiares, origen de sus fortunas. Los hermanos Bronfman, por ejemplo, heredaron el imperio de licores Seagram, construido por su padre Samuel y su tío Harry gracias al contrabando ilegal de alcohol durante la prohibición de los años veinte del siglo XX, con “protección exclusiva” cortesía de Meyer Lansky, con quien compartían ganancias. Las actividades de Samuel en el espionaje quedaron reveladas en el obituario que The New York Timespublicó a su muerte en 1971, que señaló que había “financiado una compra secreta de armas canadienses para las tropas de la Haganah”, el embrión del ejército israelí.En el caso de Wexner, una investigación en 1991 concluyó que la policía de su ciudad natal, Columbus, en Ohio, lo vinculaba con personas “señaladas por ser figuras del crimen organizado” y destacaba sus conexiones con la familia criminal Genovese a través de Walsh Trucking, la empresa que manejaba la logística de Wexner y cuya nómina incluía a mafiosos como “Matty The Horse” Ianniello y Tony Salerno. Seis años antes, el 6 de marzo de 1985, a 24 horas de testificar ante un Gran Jurado federal sobre un esquema de evasión de impuestos, Arthur Shapiro, uno de los abogados de Wexner, fue ejecutado cuando trataba de escapar de una reunión secreta en un cementerio. “Epstein fue percibido por el inspector general de Ohio, David Sturtz y el entonces sheriff del condado de Franklin, Earl Smith, como el reemplazo de Shapiro”, afirmó el periodista de ese estado Bob Fitrakis.Además, en esa misma época, la aerolínea Southern Air Transport, propiedad de Wexner, fue utilizada por la CIA como fachada para el tráfico ilegal de armas como parte del escándalo Irán-Contras. Epstein estuvo directamente involucrado en estas operaciones, según documentos revelados por el Departamento de Justicia en diciembre de 2025.La protección que ha recibido Leslie Wexner por décadas es tan sólida y duradera que además de beneficiarse del “acuerdo de cariñitos” que ocultó su identidad en 2008, en estos mismos papeles su nombre fue escondido mejor que el de las jóvenes víctimas, según revelaron los congresistas Thomas Massie y Ro Khanna el 10 de febrero de 2026, después de que lograron que les permitieran acceder de manera limitada a las versiones sin censura.Rep. Thomas Massie, speaking live on CNN, named Les Wexner as a co-conspirator of Epstein.Follow: @AFpost pic.twitter.com/IwkiStA72J— AF Post (@AFpost) February 10, 2026


El mentor reconocido de Wexner era otro de los prominentes miembros, Max Fisher, decano de los judíos republicanos fallecido en 2005. Estaba vinculado con Moe Dalitz, figura del hampa de Cleveland que fue copropietario del Frolics Club junto con Meyer Lansky y posteriormente se convirtió en un destacado empresario, involucrado en casinos en Miami y Las Vegas. La relación Fisher-Dalitz no era pública pero sí tenían una colaboración sistémica, según Whitney Webb: Dalitz proporcionaba el músculo y la infraestructura criminal, mientras Fisher transformaba ese poder en influencia política y filantropía de élite, y era el “diplomático silencioso” que intervenía ante gobiernos por el de Richard Nixon para proteger a figuras de la red y para coordinar ayudas militares masivas a Israel.Otro de los fundadores del Grupo Mega fue Lester Crown, cuyo padre, Henry Crown, fue socio comercial de Lawrence Wien, abogado y asesor del grupo de Moe Dalitz.Por su parte, Steinhardt, cofundador de Birthright Israel-Taglit, contó en su autobiografía que su padre, Sol Red McGee Steinhardt, era una figura importante en el submundo criminal de Nueva York y el proveedor de joyas predilecto de Meyer Lansky.Influir, combatir, moldearEn el poderoso Lobby pro-Israel, con su enorme influencia en la política, la economía y la cultura de Estados Unidos, confluyen varias agrupaciones del sionismo judío, evangélico y pentecostal.De manera destacada está Cristianos Unidos por Israel (con 11 millones de miembros), además de poderosas figuras del neoconservadurismo, la embajada israelí con sus múltiples brazos disfrazados de agrupaciones civiles, y las industrias militar y petrolera articulados alrededor de las organizaciones judías, sobre todo el AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí) y la Liga Anti-Difamación.La unificación en el Grupo Mega de tantos de los más grandes donantes –que dependiendo de cómo decidieran canalizar sus fondos podían hacer crecer o desaparecer proyectos–, de entrada fue visto con inquietud por los líderes de la filantropía judía.“Desde el principio, no queríamos ser vistos como una amenaza para nadie... No queremos ser vistos como el Sanedrín [en referencia a la antigua corte suprema judía]”, le dijo Charles Bronfman al Wall Street Journal. Su hermano Edgar redondeó: “Queremos hacer que ser judío sea interesante”.Sus actividades, no obstante, pronto demostraron que Mega buscaba centralizar la toma de decisiones estratégicas de la diáspora judía. Sometía o suprimía a las organizaciones judías tradicionales, a las que Michael Steinhardt, en declaraciones de prensa, despreciaba abiertamente (excepto a AIPAC) por considerarlas ineficaces: “es una pena que no desaparezcan de golpe”, declaró a la revista The American Prospecten 2000.Fervoroso convencido de la supremacía racial de su gente, Steinhardt considera que Israel es el “milagro judío del siglo XX” y “el Estado más moral de este planeta”. En 2017 reflexionó que “cuanto más se entiende sobre Israel, más cómodo se siente uno con la política de la derecha”. Opositor a las corrientes judías favorables a la asimilación dentro de las sociedades a las que pertenecen, Steinhardt invierte cientos de millones de dólares en programas que buscan moldear la identidad de la juventud judía para vincularla indisolublemente al Estado de Israel, es decir, para encerrarla en el israelismo, la defensa incondicional e inflexible de esa nación, haga lo que haga y pase lo que pase.El ejemplo de la presión sobre Clinton, que hace 26 años logró descarrilar el proceso de paz, es uno entre muchos de las formas en que el Grupo Mega influye en el sistema político estadounidense y occidental para blindar el apoyo a Israel, al igual que financia organizaciones como The Israel Project que, a través de fachadas, hostiga, desacredita y combate a los grupos judíos disidentes y a los propalestinos, como muestra la serie documental The Lobby-USA.Además, la manipulación ideológica de la comunidad judía –impulsándola al israelismo y la ultraderecha– es un eje de trabajo fundamental del Grupo Mega que realiza a través de lo que llama “filantropía estratégica”. También desarrolla estrategias discursivas para justificar y ensalzar las acciones de Israel, pero con un enfoque todavía más extremista: aspiran a modelar el mundo de la hasbará (la propaganda en favor de Israel que todo sionista debe reproducir) a su imagen y semejanza.Este es el origen de un documento titulado Wexner Analysis: Israeli Communication Priorities 2003(Análisis Wexner: prioridad de la comunicación israelí 2003), un manual de manipulación lingüística que fue elaborado por el Frank Lunt, propagandista conocido por refinar el lenguaje del Partido Republicano, y quien cambió, por ejemplo, el concepto de “impuesto de sucesión” por el de “impuesto a la muerte”. La implementación de este documento, en efecto, fue encargada a The Israel Project, que elaboró notas informativas y guiones y los facilitó a medios, periodistas y políticos, asegurando que la terminología favorable a la derecha (usaba términos como “barreras de seguridad” en lugar de “muro de separación”, o territorio “disputado” en lugar de “ocupado”) se normalizara en los medios occidentales.Manejo táctico de la retóricaEn 2003 George W. H. Bush, Tony Blair y José María Aznar –entonces gobernantes de Estados Unidos, Reino Unido y España– ordenaron la invasión sobre Irak y el derrocamiento de su presidente Saddam Hussein con el falso pretexto de que poseía armas de destrucción masiva, que nunca aparecieron. Esto coincidía con la Segunda Intifada o insurrección popular de los palestinos contra la ocupación israelí, que generaba simpatía creciente en el mundo: para combatirla, el Grupo Mega, a través de la Fundación Wexner, financió el Wexner Analysis. Por ejemplo, la “Doctrina Saddam” vinculó a Israel con la causa de Washington en Irak en 2003: “Saddam es tu mejor defensa, incluso si está muerto”, aconsejaba el documento. La estrategia era alinear a Israel con la “Guerra contra el Terror” de la administración Bush, haciendo que la seguridad de Israel y la de Estados Unidos parecieran indistinguibles. Esto legitimó ante la opinión pública occidental las políticas de mano dura del primer ministro Ariel Sharon (cuyo ministro de Finanzas era Netanyahu) como parte de una lucha global contra el terrorismo, no como un conflicto local.De manera similar, al observar que la política de expansión de las colonias israelíes era impopular y legalmente indefendible, Luntz la llamó “nuestro talón de Aquiles”. Así que instruyó a no hablar de ella y, si esto no era posible, a presentar esos asentamientos no como proyectos ideológicos o religiosos, sino como “barrios” o activos necesarios para la seguridad y como zonas de amortiguamiento. Esta táctica proporcionó la cobertura retórica necesaria para que la derecha israelí continuara despojando a los palestinos sin provocar una ruptura con el público estadounidense moderado.Determinó, además, emplear la empatía como arma: el manual advertía contra el tono agresivo o condescendiente. Aconsejaba simular sensibilidad, con frases como “toda vida humana es preciosa” y “nos duele ver sufrir a los niños palestinos” como un paso previo para ganar credibilidad antes de justificar acciones militares letales.El Wexner Analysisfue conocido gracias a una filtración y sirvió de base para elaborar el ‘The Israel Project’s Global Language Dictionary 2009’ (Diccionario Global de Lenguaje 2009 del Israel Project, igualmente filtrado) y la ‘Hasbara Toolbox’ de 2023 (‘Caja de herramientas de la hasbará’). Sus tácticas, al ser adoptadas por portavoces israelíes, por AIPAC y otras organizaciones, ayudaron a modelar el discurso a favor de la ultraderecha israelí: la técnica de “hablar suave para golpear duro” se convirtió en el estándar de la hasbará.Epstein cayó y las sospechas prevalecenEn la caída de Epstein, sus asociados se desligaron. El ejemplo más elocuente es el de Leslie Wexner, quien a pesar de haberlo patrocinado durante décadas, en una carta a la Fundación Wexner, en agosto de 2019, aseguró que “me avergüenza que, como tantos otros, fui engañado por el Sr. Epstein. Ahora sé que mi confianza en él estaba profundamente fuera de lugar”. No sabía, nunca supo nada, por supuesto. Y en una carta a sus empleados, en julio de 2019, se sinceró: “He buscado en mi alma... reflexionado... y lamento que mi camino se haya cruzado alguna vez con el suyo”.O eso quiso hacer creer. La desbandada fue general. En público. No se conoce qué ocurre tras bambalinas, qué decisiones se han tomado.En un email de Jeffrey Epstein con fecha 15 de marzo de 2018, titulado He was passed away(A él lo murieron) y revelado en el paquete de enero de 2026, le indica a un destinatario cuyo nombre fue borrado por los censores del Departamento de Justicia que:“Robert Maxwell amenazó al Mossad. Les dijo que, a menos que le dieran 400 millones de libras esterlinas para salvar su imperio en ruinas, expondría todo lo que había hecho por ellos. Durante ese tiempo, tuvo libre acceso al Downing Street (sede del gobierno británico) de Margaret Thatcher, a la Casa Blanca de Ronald Reagan, al Kremlin y a los pasillos del poder en toda Europa. Maxwell transmitió todos los secretos que aprendió al Mossad en Tel Aviv. A cambio, toleraron sus excesos, vanidades y su insaciable apetito por un estilo de vida lujoso y mujeres. Les dijo a sus controladores a quién debían perseguir y cómo hacerlo. Se autoproclamó embajador no oficial de Israel ante el bloque soviético”.Se lee como si Epstein se estuviera describiendo a sí mismo, en términos generales. Porque en efecto, Robert Maxwell y Jeffrey Epstein tuvieron una vida muy parecida y murieron en condiciones misteriosamente similares. ¿El fallecimiento del segundo habrá provocado una conmoción y una imperiosidad de reordenamiento en el espionaje y las redes de chantaje proIsrael como el del primero? ¿O en la medida de que no era más que un operador de Mega, el grupo podría tan solo haber buscado reconstruir ese brazo? El hecho es que ni Wexner ni ninguno de sus miembros fue acusado ni procesado. En todo caso, la preocupación que tenían en 1991 cuando crearon el Grupo Mega debido a que en la comunidad judía bajaba la incondicionalidad hacia Israel y crecían los matrimonios interreligiosos, hoy debe ser mucho mayor, porque sus multimillonarias inversiones no han producido los resultados que esperaban. El crecimiento de las organizaciones de la disidencia judía propalestina, como Jewish Voice For Peacee If Not Now, en EEUU, y muchas otras que confluyen en Global Jews for Palestine(judíos globales por Palestina), así como de los grupos que promueven el BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones que deben imponerse a Israel como sucedió para vencer al régimen apartheid en Sudáfrica), provocó que entendieran que están perdiendo la batalla por controlar a comunidades de la diáspora judía y a buena parte de la opinión pública estadounidense, incluso desde años antes del genocidio de Israel en Gaza. Para ello abonaron las series documentales tituladas The Lobby(de 2017, sobre Reino Unido) y ‘The Lobby-USA’ (2018), que infiltraron reporteros con cámaras ocultas en importantes organizaciones pro-Israel y registraron conversaciones reveladoras de lo que se piensa en ellas.Por ejemplo, en The Lobby-USA, Eric Gallagher, director del Israel Project, aparece grabado sin notarlo mientras describe el colapso en las bases de apoyo público que sustenta a agrupaciones como AIPAC. Gallagher enfatiza que “el fundamento sobre el que se asienta AIPAC se está pudriendo”, señalando que el apoyo generalizado a Israel en Estados Unidos disminuye.De manera similar, un largometraje documental de 2023, ‘Israelism’, dirigido por dos miembros de la comunidad judía estadounidense, Erin Axelman y Sam Eilertsen, muestra que aunque el Lobby responde con hostigamiento judicial, al interponer demandas por supuesto “antisemitismo”, presiona a miembros del Congreso y acosa a legisladores críticos, el apoyo a Israel decrece en la población en general y también entre las juventudes judías que apoyan la causa palestina.Axelman y Eilertsen no recurren a la cámara escondida y captan on-the-recorda una de las figuras más prominentes del Lobby, Abe Foxman, exdirector de la Liga AntiDifamación, al reconocer que “cuando hablamos de que estamos perdiendo a los jóvenes, no los estamos perdiendo, los perdimos”.En el plano político,el genocidio en Gazaestá llevando a candidatos demócratas a aclarar en entrevistas que “nunca he recibido ni recibiría dinero de AIPAC”, mientras que los miles de millones de dólares anuales y el apoyo que Washington le da a Israel son motivo de rebeliones en el movimiento MAGA de aquellos que exigen que Trump cumpla su promesa de poner a Estados Unidos primero y deje de distraerse en problemas foráneos. En Nueva York, Zohan Mamdani fue el primer aspirante a alcalde que no visitó Jerusalén en su campaña y además se manifestó a favor de Palestina. Ganó el apoyo de más de la mitad del electorado general y de una tercera parte del voto judío de su ciudad.La lucha y el debate públicos, en todo caso, no necesariamente reflejan lo que ocurre en la oscuridad en la que se movió Epstein con impunidad durante tres décadas. Ese ámbito, el de los espías, los millonarios recursos ocultos, la destrucción de vidas inocentes, la fabricación de mentiras, las amenazas y muchos otros golpes bajos, en donde la extorsión es masiva y persiste mientras subsistan los elementos de chantaje (nadie cree que Netanyahu haya destruido las grabaciones de Clinton con Lewinsky, y tampoco se sabe dónde están los videos de Epstein); ese ámbito trata de capturar la opinión pública pero no depende de ella ni de la impopularidad de políticas criminales ni de personajes impresentables para seguir rodando en el caos y la destrucción.En ese mundo del arriba-abajo, semejante al upside-downde Stranger Thingstan familiar para el exoficial de inteligencia israelí Ben-Menashe, seguir la guerra sólo requiere dinero, determinación, armas e informaciones confidenciales, algo que no falta en los distintos grupos como Mega.Por eso, sostuvo el exoficial israelí en septiembre de 2025, refiriéndose al dibujo de una mujer desnuda que el actual presidente de Estados Unidos le dedicó en su aniversario al pedófilo suicidado y que una mañana de aquel julio apareció en las páginas de un periódico neoyorquino de gran influencia.“Yo creo que atraparon a varios presidentes de Estados Unidos usando a Jeffrey Epstein. Y no sólo se trató de sexo, también está el asunto del dinero. ¿De dónde venía el dinero? Todo está detenido por lo de Gaza. Y creo que los israelíes tienen al gobierno de Estados Unidos cautivo por lo que pasó con Epstein. Rupert Murdoch, el periódico de Murdoch The Wall Street Journal, sacó lo de la tarjeta de cumpleaños que Trump le envió a Epstein. ¿De dónde piensas que lo sacaron? No creo que Trump quiera seguir con esta guerra o el genocidio. Creo que son los israelíes los que lo frenan”.En los medios corporativos se insiste en ignorar revelaciones de Ben-Menashe y de otros insidersque han hablado, los tratan como si fueran fantasías. Pero son documentos oficiales publicados por el Departamento de Justicia en donde aparece un reporte del FBI fechado el 19 de octubre de 2020, al final del primer periodo del actual presidente, en el que la fuente CHS explica que el esposo de Ivanka Trump, Jared Kushner, y su hermano Charles fueron alumnos de Alan Dershowitz, el abogado de Epstein quien en 2021 nominó a Jared para el Premio Nobel de la Paz en la Universidad de Harvard. Se lee que a través de Jared, Netanyahu influye en la Casa Blanca: “Trump ha sido comprometido por Israel y Kushner es el verdadero cerebro detrás de su organización y su presidencia”.Coincidencia nada casualSi Jeffrey Epstein compartió la forma de morir con Robert Maxwell, con Meyer Lansky fraternizó en lo que ambos, frustrados, sintieron como destino injusto porque quienes se sirvieron de ellos quedaron a salvo, inmaculados y disfrutando los privilegios de la riqueza colosal. Es fácil imaginar a Epstein en prisión, consciente de que llegaba al desenlace, recordando a Lansky y haciendo suyo su lamento:“¿Por qué Epstein es un gángster y no las familias Bronfman y Wexner? Yo estuve involucrado con todos ellos en los años noventa y 2000, aunque no les gusta hablar de ello y cambian de tema cuando mencionan mi nombre”. -Jeffrey Epstein.ASG






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