El Rayo destroza a un Atlético con la cabeza en otro lado (3-0)
Al Atlético le tocó caer en picado en la montaña rusa que están siendo sus últimas semanas. Para los rojiblancos, la Liga se ha convertido en un estorbo que aparece los sábados y los domingos para estropear lo que ha hecho entre semana. Los de Simeone, ahora mismo, están a todo menos a la Liga, donde sumaron su segunda derrota consecutiva. El destierro de Butarque le sentó de maravilla al Rayo Vallecano, que rompió su mala racha y escapó del descenso con un partido de los que le gustan, de mucho rock and roll y poco tiempo para pensar. Justo lo contrario que necesitaba el Atlético, que venía con las piernas cargadas y la barriga llena después de la goleada al Barça en la ida de semifinales de la Copa del Rey.
Rotaciones masivas
El esfuerzo y la alegría habían sido muy grandes hacía muy poco tiempo, así que Simeone apostó por las rotaciones masivas. Nueve cambios respecto al jueves anterior y una unidad B que no respondió de ninguna manera. Sí es verdad que compitió durante los primeros veinte minutos, con muchas llegadas por las bandas, donde Almada y Nico González nunca acertaban con la cabeza de Sorloth. Tenían una referencia muy clara dentro del área, pero no pudieron encontrarlo ni por arriba ni por abajo. La ocasión más clara de los rojiblancos fue un despeje de Mendy que acabó en el travesaño de su propia portería. Fue su primera opción de gol y casi la última, porque después Batalla estuvo muy tranquilo hasta un taconazo de Giménez que sacó el portero argentino cuando el partido estaba decidido.
El destierro como motivación
El Rayo Vallecano llegaba muy molesto por tener que jugar en Leganés, aunque no se notó que estuviera incómodo. Poco a poco se fue comiendo al Atlético, que no tenía la mentalidad ni el acierto para ganar duelos e imponerse. Los que empezaron a dominar fueron los rayistas, con una banda derecha demoledora, la que ocupaban Ratiu e Ilias Akhomach. Precisamente el lateral volvió loco a Ruggeri en la acción del primer tanto del partido. Le hizo más bicicletas que hay en el pelotón de la Vuelta a España, entró en el área y le puso la pelota a Fran Pérez, que solo tuvo que colocarla en la portería de Oblak. El dominio rayista se reflejaba con todo merecimiento en el marcador, mientras los menos habituales del Atlético iban perdiendo la fe. Rodrigo Mendoza y Johnny Cardoso nunca se imponían en el medio, aunque no eran más culpables que el resto. Ruggeri naufragaba en su costado y Lenglet no ayudó con un claro error en la salida de la pelota que le costó el segundo gol a los rojiblancos. Óscar Valentín presionó y robó la pelota, se la dio a Ilias, que la metió en el área para el remate de Isi. Respondió Oblak con un paradón, pero no es Superman y la dejó muerta para que Óscar Valentín terminara el trabajo a placer. El Atlético del arranque ya no existía y no parecía con fuerzas ni mentalidad para reaparecer.
Cambios con poca fe
En el banquillo, la cara de Simeone lo decía todo, sentado al lado de los héroes de la Copa ante el Barça. Koke y Griezmann ni siquiera entraron en una segunda parte en la que el Cholo agotó pronto los cambios, pero más por inercia que con el convencimiento de ir a por los tres puntos y evitar el tercer partido consecutivo sin ganar. Entraron Lookman, Julián, Marcos Llorente... Varios titulares, pero el Rayo, más allá de algunos momentos de ida y vuelta, siempre tuvo el partido controlado, y lo cerró con un córner sacado en corto en el que Álvaro García encontró en la segunda jugada la cabeza de Nobel Mendy. El central coronó su gran partido con un cabezazo para el tercer tanto, que desató los olés del público llegado a Butarque desde Vallecas. El Atlético tenía ya la cabeza en la ida de la repesca de la Champions y en la Copa del Rey. En todos los sitios menos en la Liga.
