El suplicio de viajar en España
Me van a permitir que cuente mi propia experiencia. Desde el 18 de enero, fecha del trágico accidente ferroviario en la provincia de Córdoba, me ha tocado sufrir de lo lindo en múltiples viajes. En estas cinco semanas y media he realizado ocho trayectos en tren, ahora de escasa velocidad; en todos ellos he salido tarde y he llegado más tarde todavía y el retraso medio acumulado ha sido de una hora larga. Visto lo que han padecido otros pasajeros, me puedo dar con un canto en los dientes. También he realizado cuatro vuelos, que han salido y llegado más o menos en hora. Finalmente, he recorrido en coche en estos días alrededor de 2.500 kilómetros, pasando por 15 provincias y por autopistas de peaje, autovías, carreteras nacionales y varias autonómicas también. Creo que es una muestra importante para el breve periodo de tiempo transcurrido. La valoración de lo experimentado es negativa.
Los viajes en coche me han permitido confirmar lo que ya venía detectando desde hace varios años, que ha ido a más: firme en mal estado, baches constantes y puede que incluso algún pequeño socavón; eso sí, nada que ver afortunadamente para mí con lo que han padecido en Jaén y Despeñaperros automovilistas y transportistas. En el caso de los trenes está lo de los retrasos, que son mayores a esa hora larga que citaba anteriormente, porque he hecho la comparación con los nuevos horarios, tras la ampliación de la duración de los viajes. Además, está el traqueteo constante por el mal estado de las vías, cuando no los movimientos bruscos que hacen saltar todas las alarmas. Eso por no hablar de esos trenes fabricados por Talgo, en los que nos apelotonan todavía más a los viajeros en los vagones, con asientos más duros, estrechos e incomodos. Y esto mismo vale para el avión, además de las incomodidades en el aeropuerto y, especialmente, cuando te llevan en el autobús desde la terminal hasta el aparato, tratándote como a ganado. Resulta curioso que, mientras en la Unión Europea (UE) se dictan normas estrictas para hacer más cómodos los viajes en camión de los animales (con paredes acolchadas y aire acondicionado incluido), en el caso de las personas y en trenes y aeroplanos, sucede todo lo contrario.
