Crítica de "Sorry, Baby": una casa, una herida ★★★★
El plano fijo del exterior de una casa en el transcurso de esas horas en las que la luz se esconde. Ese es el enorme paréntesis, el agujero negro, el fuera de campo que lo explica todo. Es una gran idea, la de Eva Victor, que reformula la representación del abuso sexual buscando, en efecto, la figuración de una herida en la imagen de ese hogar en el que ocurre algo innombrable. “Sorry, Baby” está articulada alrededor de ese vacío, que luego la víctima intentará reconstruir a duras penas a través de la palabra -sabemos que el lenguaje nunca es suficiente- pero que, en su imposibilidad y tartamudeo, reproducirá la niebla del trauma, aquello que no quiere recordarse porque aún supura demasiado.
En Eva Victor, que procede de la comedia feminista, podemos reconocer a la Miranda July de “El futuro”, la Phoebe Waller-Bridge de “Fleabag” o a la Lena Dunham de “Girls”, aunque aquí prevalezca la incomodidad sobre el humor. Su Agnes representa mucho más que un caso de violación, porque lo que importa es lo que está alrededor del trauma, el relato de una supervivencia. Es especialmente hermosa la reivindicación discreta de la amistad femenina, y el retrato sincero de los intentos de superación a los miedos (a la maternidad, a una sexualidad sana) con que tiene que enfrentarse una mujer sola que aún no ha cumplido los treinta, y que se debate entre su necesidad de afecto (con un gatito que también es capaz de la peor de las atrocidades) y el terror a bajar la guardia (con un vecino igual de asocial que ella).
Es, también, extraordinario el modo en que Victor sintetiza -mucho mejor que la fallida “Caza de brujas”- la reacción de las instituciones universitarias frente a este tipo de casos, añadiendo alguna idea de lo más siniestra a su denuncia -Agnes acabará ocupando el despacho que había pertenecido a su abusador y director de tesis- que trasciende las miserias de las perversas relaciones jerárquicas en el mundo académico. “Sorry, Baby” nada resuelve, y acaso ahí radique el enorme interés de esta película antipática, rara, rugosa, llena de aristas: que su retrato femenino está aún por acabarse, pero deja intuir un futuro reparador.
Lo mejor:
Se acerca al tema de los abusos sexuales con inteligencia y sensibilidad, sin evitar lo incómodo pero abrazando la empatía.
Lo peor:
No es una película fácil, nunca es complaciente con sus personajes.
