Eugenia Silva preserva su refugio en Badajoz: el cortijo de 300 hectáreas que guarda su historia familiar
Eugenia Silva y su refugio en la dehesa de Badajoz
En plena dehesa extremeña, lejos del foco mediático y del ritmo acelerado de las grandes capitales, Eugenia Silva mantiene un refugio que resume su historia personal. Se trata de una finca centenaria en la provincia de Badajoz que no destaca por el lujo ostentoso, sino por su peso emocional y su arraigo familiar.
El enclave, situado en Puebla de la Maestre, supera las 300 hectáreas de extensión y conserva intacta la esencia del paisaje rural del suroeste peninsular. Allí, la modelo ha encontrado un espacio de intimidad que trasciende la arquitectura y conecta con generaciones pasadas.
La finca, conocida como Dehesa Arriba, se extiende sobre un ecosistema característico del oeste de la Península Ibérica. Según explica la Junta de Extremadura en su portal oficial de turismo rural Turismo de Extremadura, la dehesa constituye uno de los paisajes más representativos de la comunidad, combinando explotación agrícola, ganadera y conservación medioambiental.
Un paisaje de encinas y tradición ganadera
Las más de 300 hectáreas que rodean el cortijo están dominadas por encinas y alcornoques, árboles que dibujan un horizonte abierto y silencioso. Este tipo de terreno ha estado históricamente vinculado a la cría de ganado y, especialmente, al cerdo ibérico, uno de los símbolos gastronómicos de la región.
La amplitud del terreno permite mantener la estructura original de la dehesa, sin transformaciones urbanísticas. No hay urbanizaciones anexas ni construcciones contemporáneas que alteren el paisaje. El entorno permanece prácticamente intacto, reforzando la sensación de aislamiento y serenidad.
Un cortijo tradicional reformado con respeto histórico
En el corazón de la propiedad se alza la vivienda principal: un cortijo tradicional que ha sido reformado sin perder su esencia. La construcción mantiene muros encalados, cubiertas de teja árabe y carpinterías de madera que responden a la arquitectura rural típica de la provincia de Badajoz.
Arquitectura rural sin artificios
A diferencia de otras residencias vinculadas a rostros conocidos, esta casa no responde a un diseño vanguardista ni a tendencias minimalistas. La intervención realizada por Eugenia Silva respetó la estructura original, priorizando la conservación frente a la transformación radical.
Los espacios interiores conservan techos altos, vigas vistas y estancias amplias pensadas para soportar los veranos extremos de la región. La distribución responde al modelo clásico de cortijo andaluz y extremeño, con dependencias organizadas en torno a zonas comunes que favorecen la vida familiar.
Decoración entre lo rústico y lo bohemio
La decoración combina piezas antiguas adquiridas en viajes, ferias y mercadillos con mobiliario funcional. No existe una única línea estética cerrada. El resultado es una atmósfera acogedora en la que conviven platos antiguos en las paredes, textiles naturales y objetos con historia.
La cocina ocupa un lugar central. Es el espacio donde confluyen recuerdos de infancia y vida cotidiana actual. Grandes ventanas permiten la entrada de luz natural y abren la vista al campo, reforzando la conexión constante entre interior y paisaje.
Una finca ligada a la memoria familiar
Más allá de su valor arquitectónico o territorial, Dehesa Arriba tiene un profundo significado personal. La propiedad perteneció a la abuela paterna de Eugenia Silva y forma parte de la historia vital de su familia. En ese mismo entorno vivió su padre y allí fue enterrado, lo que convierte la finca en un espacio de memoria y recogimiento.
Este componente emocional explica la decisión de mantener la finca como residencia estacional y punto de encuentro familiar. No se trata de una inversión inmobiliaria ni de un activo destinado a explotación turística, sino de un legado preservado.
La dehesa como símbolo de identidad
Extremadura cuenta con millones de hectáreas de dehesa, un sistema agroforestal único en Europa que combina sostenibilidad y aprovechamiento económico. La finca de Eugenia Silva se integra en ese modelo, respetando el equilibrio entre naturaleza y tradición.
- Superficie aproximada: más de 300 hectáreas.
- Ubicación: término municipal de Puebla de la Maestre, Badajoz.
- Tipo de paisaje: dehesa mediterránea con encinas y alcornoques.
- Uso principal: finca rústica de carácter familiar.
La conservación de este entorno implica mantener prácticas tradicionales y evitar transformaciones agresivas del terreno. Esa decisión refuerza el carácter auténtico del lugar y consolida su valor patrimonial.
Eugenia Silva y la vida lejos del foco urbano
Acostumbrada a residir entre Madrid y capitales internacionales por su trayectoria profesional, Eugenia Silva encuentra en esta finca de Badajoz un contrapunto al ritmo urbano. El silencio, la amplitud del paisaje y la ausencia de presión mediática configuran un entorno radicalmente distinto al de las pasarelas y los eventos sociales.
El cortijo no responde al concepto de mansión de lujo, sino al de vivienda heredada que evoluciona con el tiempo. La reforma no alteró su identidad rural, y esa coherencia arquitectónica es parte esencial de su atractivo.
En un contexto en el que muchas propiedades rurales se transforman en complejos turísticos o espacios de alquiler vacacional, la finca de Eugenia Silva mantiene su carácter privado y familiar. Esa decisión consolida su condición de refugio personal en plena dehesa de Badajoz.
Así, el cortijo de más de 300 hectáreas en Puebla de la Maestre no sólo define una propiedad singular en Extremadura, sino que resume la relación de Eugenia Silva con sus raíces. Un enclave donde paisaje, memoria y tradición conviven sin artificios, preservando intacto el legado familiar en el corazón del campo extremeño.
