Los Goya
Aunque sé que no sirve de nada, siempre me abstengo de ser espectadora los Premios Goya, ya me entero por los periódicos y sé también de antemano lo que sucede: es un panfleto político desde su creación, cada año con portavocías diferentes. Antes eran Víctor Manuel y Ana Belén, ahora son actorcillos de actualidad subvencionados que desconozco porque no veo cine español. Este escenario altamente politizado ha puesto su foco en reivindicaciones y mensajes políticos sobre todo en el apoyo a Palestina y contra la violencia internacional. Numerosos artistas lucieron chapas con el lema “Free Palestine”, y referencias a la situación en Gaza.
Sin embargo, esta politización no fue unánime y ha generado críticas. Parte de la industria y público opinan que ciertos temas quedan fuera de las prioridades mediáticas del evento cultural. Por ejemplo, figuras como Macarena Gómez y Aldo Comas, que sobresalen por sus atuendos pintorescos, no por otra cosa, señalaron que, aunque se hablara de guerra y violencia, apenas se menciona el impacto de los ataques en Irán, lo que para ellos evidencia un uso selectivo de causas globales en un contexto de espectáculo.
Esta puesta en escena ha suscitado debates más amplios sobre qué injusticias son visibilizadas en los grandes escenarios culturales y cuáles se quedan en el olvido, o sea que mientras las cámaras y los discursos se vuelcan en conflictos lejanos, otros dramas -como la represión y el hambre en Cuba o la corrupción y crisis humanitaria en Venezuela- reciben nula atención. Recordemos que Cuba enfrenta una situación socioeconómica difícil, marcada por escasez de comida, apagones y restricciones de derechos civiles, mientras que en Venezuela las tensiones políticas y el deterioro institucional siguen siendo noticia.
A nivel local no se mencionan tragedias recientes como la del accidente ferroviario en Adamuz donde murieron más de 40 personas en un choque de trenes que puso al descubierto la falta de revisión de infraestructuras para la seguridad plena, en este caso de las vías ferroviarias. En fin, que da mucho asco que un arte como el cine sólo sobresalga en nuestro país por la politización generalizada de los artistas, su sectarismo y su dependencia de las subvenciones del gobierno para su subsistencia.
