El patrimonio de la tauromaquia se reivindica en el Congreso
Que la sede de la soberanía nacional abra sus puertas para analizar el rito taurino no es solo un acto de cortesía parlamentaria, sino un reconocimiento explícito a una expresión cultural que vertebra la identidad de España. Durante una intensa mañana, el Congreso se convirtió en el foro donde la razón, la ciencia y la cultura se unieron para examinar una actividad que, más allá del espectáculo, constituye un patrimonio inmaterial, ecológico y social de dimensiones incalculables. La respuesta de la sociedad civil fue incontestable, con un aforo prácticamente completo que reunió a una selecta representación de profesionales, académicos y aficionados.
Solo por esto, la "I Jornada sobre el patrimonio de la tauromaquia" organizada por la Asociación Taurina Parlamentaria (ATP) en la sala Clara Campoamor del Congreso de los Diputados ya fue todo un éxito.
El análisis comenzó situando a la tauromaquia en su contexto democrático más puro. José Carlos Arévalo y François Zumbiehl desgranaron cómo el toreo, en su concepción moderna, es un producto de la Ilustración y de la voluntad popular. Desde el siglo XVIII, con la ilustración, fue el pueblo quien abrazó el rito, dotándolo de una estructura donde la libertad de elección del espectador es la norma suprema. Esta naturaleza democrática se entronca con la normalidad constitucional que defendió el juez José Luque Teruel, quien recordó que el ordenamiento jurídico vigente ofrece herramientas suficientes para proteger la fiesta brava, si bien denunció la necesidad de una normativa más ambiciosa que traduzca el mandato de la Constitución en una regulación legal, técnica y económica que ampare a todo el sector.
Uno de los pilares más sólidos de la jornada fue la aportación del ámbito científico. Lejos de enfoques humanizados o sentimentales, expertos como Julio Fernández Sanz, Fernando Gil Cabrera y Antonio Purroy expusieron la realidad biológica de un animal único. El toro de lidia no es solo el resultado de una selección genética milenaria, sino un organismo cuya respuesta fisiológica y neuroendocrina está específicamente adaptada para la lidia. Esta singularidad científica eleva al toro por encima de cualquier otra especie ganadera, convirtiéndolo en el eje de un rito que trasciende lo que sucede en la plaza. La ciencia, por tanto, no hace sino ratificar lo que la historia ya sabía: que estamos ante un animal especial cuyo bienestar y existencia están intrínsecamente ligados a su función en el ruedo.
La dimensión cultural y comunicativa también ocupó un lugar central, con las intervenciones de Araceli Guillaume, Jordi García Candau y Pío García-Escudero, quien sustituyó a Luis Francisco Esplá. Se subrayó la importancia del concepto de "transmisión" y la responsabilidad de los medios de comunicación y las instituciones educativas en la correcta difusión de los valores taurinos. La preocupación por la pérdida de presencia de la información taurina en los grandes medios se compensó con un mensaje de optimismo fundado en la realidad: la presencia masiva de jóvenes en las plazas de toros en las últimas temporadas. Pío García-Escudero recordó que la auromaquia ha sobrevivido a prohibiciones papales y reales a lo largo de los siglos porque su raíz está profundamente hundida en el sentimiento del pueblo.
No menos importante fue el bloque dedicado a la ecología y la sostenibilidad. La dehesa dedicada al toro bravo se presentó como el hábitat de mayor biodiversidad de Europa, un ecosistema que desaparecería sin la presencia de la ganadería de lidia. José Luis García Palacios y José Carlos Caballero alertaron sobre la desprotección legislativa que sufre el campo bravo, especialmente en el marco de la Unión Europea y las ayudas de la PAC. Se puso de manifiesto que el toro es un motor económico fundamental para la España rural, un atractivo turístico de primer orden y un garante de la conservación medioambiental que ninguna otra actividad podría sustituir con la misma eficacia.
Las conclusiones de la jornada, presentadas por Miguel Cid Cebrián y Javier Marqués, junto a la portavoz de Cultura del Partido Popular, María Soledad Cruz-Guzmán, marcaron la hoja de ruta a seguir. Existe un consenso claro sobre la necesidad de aprovechar el actual momento de auge —reflejado en el aumento de festejos y en el interés de las nuevas generaciones— para construir una estructura legal y política que proteja la tauromaquia de manera definitiva. El anuncio de unas futuras II Jornadas confirma que este encuentro no es un hecho aislado, sino el inicio de una ofensiva intelectual y legislativa para garantizar que el toro, como expresión artística y patrimonio de libertad, siga ocupando el lugar que le corresponde en el corazón de la democracia española. La jornada concluyó con la convicción de que, mientras el pueblo siga reconociéndose en el rito, la tauromaquia seguirá siendo un elemento irrenunciable de nuestra civilización.
