Un psicólogo contesta: estas son las principales razones por las que tu hijo te responde con monosílabos
"Hola Luis, ¿qué tal hoy en clase?". "Bien". "¿Has entregado el trabajo de historia?". "Sí". "¿Con quién estás hablando ahora?". "Con nadie". Este breve diálogo podría sonar familiar para muchos padres con hijos adolescentes. Preguntas sencillas, respuestas mínimas. Detrás de ese intercambio aparentemente trivial se esconde, según explica el psicólogo Alfonso Navarro, una dinámica frecuente en las relaciones entre adultos y jóvenes.
Navarro utiliza este ejemplo para ilustrar una escena cotidiana, y no es otro que el intento de conectar con un hijo que termina en una conversación a base de monosílabos. "Intentas conectar con tu hijo y lo único que recibes son monosílabos", resume. Para el especialista, este comportamiento no siempre responde a desinterés o mala actitud, sino a cómo perciben los adolescentes determinadas formas de comunicación.
La primera razón, explica, tiene que ver con la sensación de estar siendo interrogados. "Lo que tú haces con cariño y con curiosidad, él siente que lo estás haciendo como si estuvieras invadiendo su espacio", señala. Cuando perciben que el adulto está "husmeando", añade, la reacción habitual es cerrarse y limitar las respuestas al mínimo imprescindible.
"El vínculo con un adolescente necesitaría cosas muy distintas"
El segundo motivo aparece cuando las preguntas se interpretan como un control más que como un intento de diálogo. "Sienten que las preguntas no son para comprender y hablar con él, sino solamente para chequear", explica Navarro. Cuando ocurre esto, muchos adolescentes optan por contestar de forma breve o incluso con cierta incomodidad, tratando de terminar la conversación lo antes posible.
La tercera razón tiene que ver con la propia dificultad de los jóvenes para expresar lo que sienten. "Su cabeza va a mil, tienen mil cosas encima y cuando intentan explicarse no les salen las palabras", describe. Ante una pregunta directa, esa presión puede generar frustración y provocar que el adolescente vuelva a refugiarse en respuestas cortas para evitar profundizar.
Por eso, el psicólogo insiste en que no siempre es un problema de los padres. "No es que tú estés haciendo algo mal, es que el vínculo con un adolescente necesita cosas muy distintas", concluye.
