Sánchez se escuda en el escenario global ante la parálisis de los Presupuestos
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, adoptó hoy, en el primer Consejo Europeo tras el estallido del conflicto en Oriente Medio, una actitud confiada. Ajeno por unas horas a los conflictos domésticos, defendió en Bruselas una postura ante los temas más candentes del tablero global: la necesidad de frenar una inflación disparada por la guerra de Irán y de apuntalar el apoyo a Ucrania.
A su llegada a la cumbre, Sánchez esquivó las preguntas de la prensa sobre una próxima aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, escudándose en el delicado escenario global. Sánchez señaló que el Gobierno pretende primero afrontar la «crisis sobrevenida», y la importancia de «trasladar a los ciudadanos la gravedad del momento». «Ahora nos vamos a centrar en poner todos los recursos del Estado para responder a los efectos económicos y sociales de esta crisis, y posteriormente podremos hablar de los presupuestos para el Gobierno de España», sentenció.
Sánchez subrayó que la urgencia pasa por aprobar de forma inminente un plan de respuesta integral que permita hacer frente a la escalada de precios y a la incertidumbre generada por el conflicto. Ese paquete de medidas, que el Gobierno prevé activar mediante un real decreto ley y someter a convalidación parlamentaria la próxima semana, busca blindar el mercado nacional ante la volatilidad energética y de suministros.
En este contexto, el jefe del Ejecutivo defendió que su gabinete debía centrarse en «lo urgente» sin renunciar a «lo importante», en alusión a unas cuentas públicas que llevan prorrogadas desde 2023. Aunque no dio por descartada la presentación de nuevos presupuestos, dejó claro que cualquier avance en ese terreno quedaba condicionado a la evolución de la crisis.
Así, el presidente manifestó su firme oposición a la guerra en Irán, calificando el momento actual como un punto de inflexión decisivo para el futuro de la Unión Europea. Sánchez advirtió que la guerra «no solamente supone un costo en término de vidas humanas, sino también desde el punto de vista del bolsillo del bienestar de nuestros conciudadanos». En un mensaje dirigido a sus homólogos comunitarios, el líder socialista reclamó «reforzar el multilateralismo, reforzar el sistema de Naciones Unidas y no debilitarlo como hacen las administraciones de otros gobiernos de otras partes del mundo».
El «No a la guerra» de Sánchez, que en un primer momento no obtuvo prácticamente apoyos, sí encontró eco en un grupo de líderes europeos que, con distintos matices, se fueron alineando con una posición cada vez más distante de la estrategia de Washington. En sintonía con la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, varios dirigentes insistieron en que la escalada en Oriente Medio no debía arrastrar al bloque a una implicación directa. Incluso voces inicialmente más próximas a la postura estadounidense, como la del canciller alemán, Friedrich Merz, evolucionaron hacia posiciones más moderadas.
En este contexto, Sánchez alertó del encarecimiento de la energía como uno de los principales riesgos para la estabilidad de la Unión, subrayando que la crisis amenaza con tensionar aún más a las economías de los Veintisiete. En ese marco, el dirigente defendió el modelo energético español, basado en el despliegue de energías renovables, como una vía eficaz para reducir la dependencia exterior. Presentó incluso esta estrategia como «la lección que puede dar España al resto de Europa» y criticó a las «familias políticas (...) que están utilizando esta subida de los precios de la electricidad para poner en cuestión y tratar de debilitar las políticas climáticas», en clara referencia al bloque de países liderado por Italia y Alemania. Roma ha llegado a defender la suspensión del sistema de comercio de derechos de emisión (ETS) de la UE, como forma de amortiguar el impacto en los mercados del cierre del estrecho de Ormuz. Para defender su postura, Sánchez puso como ejemplo la diferencia en los precios de la electricidad registrados recientemente entre España y otras grandes economías europeas.
Por otra parte, la cumbre de este jueves volvió a estar marcada por las tensiones en torno al apoyo financiero a Ucrania, después de que Hungría confirmara su veto al préstamo de 90.000 millones de euros destinado a sostener el esfuerzo bélico de Kiev frente a Rusia. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, convirtió su pulso con Bruselas y las ayudas a Ucrania en eje central de su estrategia política y, pese a haber dado previamente su visto bueno, bloqueó la ratificación del préstamo. Apenas un día después de recibir al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, en la Moncloa –donde se anunció un nuevo paquete de ayuda militar– Sánchez subrayó el malestar de varios socios comunitarios ante la decisión de Budapest y recordó que «lo que se espera de un presidente, ya sea de Hungría como de cualquier otra nación, es que cuando el Consejo Europeo llega a un acuerdo (...) se tiene que cumplir».
