No todos los niños inquietos tienen TDAH: estas diferencias ayudan a saber cuándo consultar
Correr de un lado a otro, hablar sin parar, distraerse con facilidad o tener dificultad para quedarse quieto son comportamientos que forman parte del desarrollo de muchos niños. Por eso, cuando un hijo parece más inquieto que los demás, es normal que los padres se pregunten si podría tener Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Pero la respuesta no siempre es sí. De hecho, uno de los errores más frecuentes es creer que cualquier niño inquieto tiene este trastorno.
El neuropsiquiatra Jerry Castro, del Hospital Metropolitano, explica que el diagnóstico requiere valorar mucho más que un comportamiento aislado y que los síntomas deben afectar de forma importante la vida diaria del menor.
Lo que debe saber:
- La inquietud, por sí sola, no significa que un niño tenga TDAH.
- El TDAH suele manifestarse en distintos entornos.
- No todos los casos necesitan medicamentos.
La inquietud por sí sola no significa TDAH
Uno de los principales puntos que el especialista busca aclarar es que muchos niños pueden ser inquietos sin que exista un trastorno.
Para Castro, la diferencia está en la intensidad, la frecuencia y el impacto que tienen esas conductas en la vida del niño.
Un menor que juega mucho, se mueve constantemente o tiene mucha energía no necesariamente presenta TDAH.
La diferencia aparece cuando esas conductas son mucho más marcadas, frecuentes y terminan interfiriendo con actividades como seguir instrucciones, aprender, relacionarse con otros o adaptarse a diferentes espacios.
El especialista explica que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con una importante base genética y neurobiológica. No significa que exista un daño en el cerebro, sino una diferencia en la forma en que funcionan algunas redes relacionadas con la atención y la regulación de la conducta.
“No vemos el trastorno de la atención como una lesión cerebral, sino más bien como una diferencia en la maduración y en la regulación de redes cerebrales”, detalló.
¿Qué comportamientos pueden llamar la atención?
El TDAH puede manifestarse de distintas maneras. Lo importante es que las conductas sean persistentes y tengan un impacto en el día a día del niño.
Algunas señales que pueden requerir una evaluación (especialmente después de los tres años) son:
- Dificultad frecuente para seguir instrucciones.
- Problemas para esperar turnos o controlar impulsos.
- Interrumpir constantemente a otras personas.
- Dificultad para mantener la atención durante una actividad.
- Problemas para terminar tareas, incluso cuando tiene la capacidad para realizarlas.
- Una inquietud mayor a la esperada para su edad.
- Buscar constantemente estímulos o recompensas inmediatas.
Castro aclara que estas dificultades no significan que el niño tenga menos capacidades intelectuales.
“Puede darse en un niño o una niña que igualmente es muy capaz y que tiene buenas actitudes intelectivas, pero que su nivel de inatención y hiperactividad le dificulta al aprender”, precisó.
Cuando las señales aparecen en casa y en la escuela
Para evaluar un posible TDAH, los especialistas no se basan únicamente en lo que ocurre en un lugar específico.
La historia del niño y lo que observan las personas que lo acompañan son elementos importantes, especialmente cuando las dificultades aparecen en diferentes ambientes.
“Hay una historia desde la infancia, hay síntomas en más de un contexto, hay un deterioro funcional y es importante descartar otras causas de eso”, explicó Castro.
Por eso, las observaciones de los docentes pueden aportar información valiosa, porque ellos pueden notar si al niño le cuesta seguir rutinas, completar actividades o mantener la atención dentro del aula.
La recomendación es observar si esos comportamientos se repiten y si realmente están afectando su desarrollo, aprendizaje o convivencia.
Algunas señales que pueden llamar la atención en el entorno escolar son:
- Dificultad frecuente para mantenerse concentrado en las actividades.
- Problemas para seguir indicaciones.
- Interrupciones constantes durante las dinámicas del aula.
- Dificultad para organizarse y completar trabajos.
¿Cómo se trata el TDAH en niños?
Castro explica que el abordaje depende de cada caso y que existen diferentes herramientas para ayudar al niño.
“Los medicamentos no siempre son la única alternativa”, detalló.
Entre las estrategias que pueden formar parte del manejo están:
- Apoyo psicopedagógico.
- Estrategias para mejorar la organización y las rutinas.
- Manejo conductual.
El especialista añade que estos recursos pueden ser suficientes en algunos casos, mientras que en otros se puede valorar el uso de medicamentos.
