Madrugar para clase y trasnochar el fin de semana: así nace el ‘jet lag social’ que afecta cada vez a más adolescentes
El fenómeno conocido como “jet lag social” se ha convertido en uno de los principales problemas de salud mental entre adolescentes.
La rutina de madrugar para asistir a clase y trasnochar los fines de semana genera un desfase horario similar al que se experimenta al viajar entre husos horarios.
El resultado: cansancio crónico, irritabilidad y mayor riesgo de ansiedad.
La investigación, publicada en la revista Sleep Medicine Reviews, analizó más de 235.000 jóvenes en 12 estudios distintos y concluyó que la diferencia entre los horarios de sueño de lunes a viernes y los del fin de semana está directamente relacionada con un aumento de los niveles de ansiedad.
Aunque el efecto pueda parecer pequeño, los expertos insisten en que es estadísticamente significativo y constante en todos los trabajos revisados.
El reloj biológico adolescente y la presión escolar
Durante la pubertad, el reloj biológico interno se retrasa de forma natural unas horas.
Esto significa que los adolescentes tienden a sentir sueño más tarde y, en consecuencia, a despertarse más tarde.
La obligación de madrugar para ir al colegio choca con ese ritmo biológico, generando un déficit de sueño acumulado durante la semana.
Los fines de semana, los jóvenes intentan recuperar horas de descanso quedándose en la cama hasta tarde.
Ese cambio brusco de horarios provoca el “jet lag social”: el lunes por la mañana, el cuerpo experimenta un desfase similar al de un viaje transatlántico.
La consecuencia es un aumento de la ansiedad, menor rendimiento académico y mayor irritabilidad.
Los expertos piden cambios en los horarios escolares
La doctora Sarah Chellappa, de la Universidad de Southampton, subraya que “durante la pubertad, el reloj biológico suele retrasarse unas horas, lo que significa que los adolescentes no empiezan a sentir sueño hasta más tarde y, de forma ideal, también se despertarían más tarde”.
Por ello, los investigadores recomiendan que las escuelas secundarias reconsideren los horarios de inicio de las clases para adaptarse mejor a las necesidades de sueño de los jóvenes.
Además, los especialistas insisten en la importancia de mantener horarios regulares para acostarse y levantarse toda la semana, incluso los fines de semana.
La falta de rutina no solo incrementa la ansiedad, sino que también puede derivar en problemas de concentración, depresión y mayor riesgo de abandono escolar.
