Crítica de "Enjambre": utopías amargas como la hiel ★★★
Director: Óscar Bernàcer. Guion: Joana M. Ortueta, Jordi Juan M. Intérpretes: Pablo Molinero, Cristina Fernández Pintado, Pablo Derqui, María Maroto. España, 2026. Duración: 100 minutos. Thriller.
Es esta una opera prima, la de Óscar Bernàcer, madura, desasosegante, pesimista, opresiva incluso, un filme que, con reminiscencias de «El bosque» (2004), aquella película dirigida por M. Night Shyamalan que tanto dividió entonces a la crítica y al público, nos traslada hasta la historia de Lluc (Pablo Molinero), un tipo que lo ha perdido todo aunque el espectador quizá no tenga muy claros los motivos y al que, durante una noche de feroz borrachera, Alba (Cristina Fernández) le ofrece una posible salida: integrarse en una comunidad aislada que habita de manera clandestina en un hermoso y apartado paisaje de la España vaciada y al que llaman Malpàs donde un grupo de personas (cuyos pasados quizá no sean precisamente ejemplares y que esperan encauzar sus existencias por otras vías) conviven en aparente armonía y buen rollo para que solucione el problema de la escasez de agua que padecen en la aldea y que está relacionado con la misteriosa y regular aparición de ovejas muertas en el pozo que todos comparten, lo que la hace no potable. Lluc decide aceptar, parece feliz más o menos, aunque, paulatinamente, es conciente de que debe actuar, pensar, sentir, bajo unas estrictas normas, que oscilan entre no beber casi nunca alcohol hasta la prohibición de salir al exterior bajo ningún pretexto.
Los días trancurren, Lluc se enamora de Silvia (María Maroto), que tiene pareja pero desea por encima de todo ser madre, y empieza a intuir que estos personajes, como los del siniestro apicultor o el de la propia Alba, la líder indiscutible del grupo, la auténtica abeja reina de este viciado «Enjambre», esconden oscuros secretos e intenciones malsanas. El tenso thriller rural y psicológico de Bernàcer muestra sin reservas su desencanto con respecto al mundo de las utopías, sobre la posibilidad real de que los individuos puedan desprenderse del sistema (educativo, económico...) para vivir en una suerte de «paraíso social» que, precisamente, también se descompone como la madera mojada porque, en numerosas ocasiones, las quimeras esconden en realidad un método inflexible donde quien desafía al grupo lo paga con la muerte. O, quizá peor, con una muerte en vida.
Lo mejor: Su inquietante atmósfera y que el cineasta sabe sostener la tensión todo el tiempo
Lo peor: Quizá echamos en falta no tener más información sobre determinados personajes
