Qué son y por qué importan los acuerdos de Minsk en la crisis de Ucrania
Estados Unidos y los socios de la OTAN no están dispuestos a aceptar las principales demandas de Rusia para rebajar la tensión sobre Ucrania: no ampliar la alianza defensiva hacia el este de Europa; no desplegar sistemas de armamento ofensivo cerca de las fronteras de Rusia y volver a la configuración de fuerzas e infraestructuras de 1997.
Atrapados entre mensajes cruzados sin salida, de pronto un acuerdo firmado en 2015 en Minsk para finalizar la guerra en el este de Ucrania –y que nunca se ha llegado a cumplir– ha emergido como una opción viable para rebajar el actual pico de tensión en la región. El acuerdo de Minsk de 2015 sucede a otro firmado en la capital bielorrusa en 2014. Ambos están promovidos por el denominado Cuarteto de Normandía: Rusia, Ucrania, Francia y Alemania.
El presidente francés, Emmanuel Macron, es uno de los principales promotores de esta vía alternativa para intentar lograr una desescalada. El cuarteto se reunió el pasado 26 de enero durante más de ocho horas y publicaron un comunicado conjunto de cuatro frases. Este jueves, el cuarteto se ha juntado de nuevo para intentar relanzar el proceso.
El documento tiene 13 puntos redactados con el objetivo de resolver la guerra en el este de Ucrania que estalló en 2014 entre el Gobierno central y las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, compuestas por milicias prorrusas. Estas son las cláusulas, que han sido simplificadas y no es la redacción original:
"Si se leen estos acuerdos con un mínimo de cuidado, se ve que responden mucho más a los intereses rusos que a los intereses ucranianos", decía en una entrevista con elDiario.es Carmen Claudín, experta del CIDOB en la región. "Los Acuerdos de Minsk están completamente paralizados y creo que están finiquitados. Tenemos que recordar que en los acuerdos de Minsk se consiguió la firma del entonces presidente [ucraniano] Poroshenko porque en ese momento en el Donbás había un frente de guerra abierto y moría gente cada día", apuntaba.
Aunque hay violaciones diarias del alto el fuego, los acuerdos de Minsk sí han permitido reducir la violencia, pero los elementos políticos son los más difíciles de solucionar. Tanto Rusia como Ucrania se acusan el uno al otro de impedir el cumplimiento del acuerdo. Moscú denuncia que Ucrania no ha cumplido los compromisos de autonomía para Lugansk y Donetsk y Kiev argumenta que Rusia apoya a las milicias independentistas con tropas y armamento.
Además, Rusia alega que no es parte en el conflicto, que solo es un mero observador como Francia y Alemania, y que esas cuestiones las tiene que resolver Ucrania con las autoridades rebeldes. Sin embargo, una investigación internacional concluyó que el misil que derribó el avión de Malaysian Airlines matando a 298 civiles en 2014 se disparó desde territorio rebelde era armamento ruso y entró en Ucrania procedente de una base militar rusa.
En una entrevista con Foreign Policy en 2018, el entonces director adjunto de la misión de observación de la OSCE en Ucrania, Alexander Hug, respondió así sobre la participación de Rusia en el conflicto: "Hemos visto convoyes saliendo y entrando de Ucrania por caminos de tierra en medio de la noche y en zonas donde no hay un cruce oficial. Hemos visto tipos específicos de armamento que hemos descrito en detalle. Hemos hablado con prisioneros de las fuerzas ucranianas que dicen ser miembros de las fuerzas armadas rusas luchando por turnos en Ucrania. Hemos visto hombres con insignias de la Federación Rusa, pero puedes comprar este tipo de chaquetas en cualquier lado. También hemos visto la insignia de Alemania, España y otros".
Por su parte, muchos en Ucrania rechazan los elementos políticos del documento de Minsk. "El cumplimiento de los acuerdos de Minsk supone la destrucción del país", afirmó en enero Oleksiy Danilov, secretario del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad de Ucrania. "Cuando se firmaron bajo el cañón ruso –y los alemanes y los franceses miraban– ya estaba claro para todas las personas racionales que es imposible implementar esos acuerdos", dijo.
"Los dos gobiernos ucranianos que ha habido tienen que tener en cuenta la opinión pública si quieren volver a ser reelegidos. Putin no tiene ese problema, pero Zelenski y Poroshenko, sí. Y la opinión pública ucraniana está completamente en contra de lo firmado si eso implica reconocimiento de un estatus especial", decía Claudín a elDiario.es. Una encuesta de diciembre señala que solo el 12% de la población ucraniana cree que Kiev debía cumplir el acuerdo. Muchos de las iniciativas tomadas por Ucrania para conceder una mayor autonomía en el Donbás han desencadenado protestas.
"La solución en Ucrania debe ser exclusivamente política y los acuerdos de Minsk son la base para esa solución", afirmó Macron durante su viaje a Rusia y Ucrania esta semana. "He dicho tanto al presidente Zelenski como a Putin que los acuerdos de Minsk podrían realmente resolver la situación y avanzar en la crisis ucraniana", dijo. Fuentes diplomáticas españolas coinciden: "El cumplimiento de Minsk es un paso evidente para la distensión".
Por su parte, el embajador de Rusia en España, Yuri Korchagin, dijo en un encuentro con medios celebrado la semana pasada: "Lo que proponemos a colegas europeos es que tienen que presionar a Ucrania para que cumplan los acuerdos de Minsk. Si se cumple esto, el problema de estos territorios podría solucionarse más rápido". Moscú argumenta que el envío de armamento a Ucrania por parte de Occidente incentiva a Kiev a no cumplir lo firmado.
A pesar de las diferentes interpretaciones que hacen del texto Rusia y Ucrania, ambos países coinciden en que este formato es una fórmula para la desescalada. Ucrania entregó en diciembre a sus socios un documento con 10 pasos que, según Kiev, permitirían "desbloquear el proceso de paz". Ante las posiciones irreconciliables sobre la ampliación de la OTAN hacia el este, la vía Minsk gana peso.

