Gervasio pasea por el centro de Elche bajo el sol de julio y se sienta en un banco con un amigo a la sombra a conversar. Una acción rutinaria y simple para él y para tantos otros, aunque en su caso es inusitado. Como siempre, le acompaña su inseparable mochila negra. Gracias a ella, puede continuar viviendo; lo ha hecho durante la última década. No es un portaequipajes cualquiera. Se trata del mecanismo necesario para el funcionamiento de su corazón mecánico, su corazón ventricular que le implantaron hace 10 años en el hospital La Fe y que le ha permitido seguir viviendo hasta sus 77 años; tenía 66 años cuando sufrió un infarto y, ante la imposibilidad de recibir un trasplante, le ofrecieron esta alternativa tecnológica pionera, implantada en 33 pacientes en este hospital. Él fue el tercero y, con el paso de tiempo, se ha convertido en el caso más longevo de toda España.