Han pasado prácticamente 30 años desde que se estrenara la primera, que no era una gran comedia pero tenía al frente a dos estrellas relucientes, Sandra Bullock y Nicole Kidman. Siguen ahí, en la segunda parte, estas hermanas Owens, Sally y Gillian, y han hecho todo lo posible y más por mantenerse relucientes, aunque dicho sea sin mayor malicia a Sandra Bullock le traiciona un poco su perfil izquierdo (según se mira), pues se le ha quedado un deje como de Michael Jackson. El meollo del argumento consiste en que la maldición de las Owens (la muerte trágica de los hombres de los que se enamoran) se ceba ahora en una de las hijas de Sally y que interpreta Joey King, actriz muy de moda. Y para deshacer la maldición y salvar a su hija, Sally tendrá que volver a los libros de hechizos y a las palabras mágicas. Susanne Bier, directora danesa que hizo algunas buenas películas en su país ('En un mundo mejor' o 'Brothers') y que luego se estableció en Hollywood, ha cogido aquí el carril para contar esta historia con unos cuantos poquitos: ni en lo romántico, ni en lo fantástico, ni en lo dramático ni cómico alcanza alturas considerables. El guion no es especialmente ingenioso, aunque permite una puesta en escena cómoda para su pareja estelar y que derramen cierto encanto al menos entre sus seguidores. Las dos actrices tienen un Oscar, Kidman por 'Las horas' y Bullock por 'Un sueño posible', y ya nadie se lo va a quitar, ni siquiera por su interpretación de señoras prácticamente mágicas. Como es una película sin mayor trascendencia, sin ánimo de sorpresa o búsquedas, y con la única ambición de resultar simpática y agradable, puede decirse que en cierto modo consigue sus objetivos: se ve y se digiere sin un esfuerzo excesivo.