El pan y la mano
Había una vez un anciano que, fiel a su costumbre, salía cada día a comprar el pan, sin prisa, bajo el sol o la lluvia, en cualquier estación. Después buscaba siempre el mismo banco del parque y dejaba caer a sus pies algunas migas. Al principio, solamente acudieron palomas, que recogían el sustento y se marchaban.
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