El Prado prende la mecha
Todo comenzó en la infancia, cuando Cai Guo-Qiang todavía no era un artista, sino un chavalín de rodillas heridas que jugaba a los petardos en la calle. «De pequeño me entretenía tirándolos. Incluso los abría por el medio y les extraía la pólvora que contenían para jugar con ella y entretenerme. Ahora, en el fondo, sigo siendo ese niño, porque el arte siempre es una diversión», comenta a este diario. El creador encontró la magia del arte en los minuciosos dibujos que su padre improvisaba con... Читать дальше...
